domingo, 19 de junio de 2011

Nobody wants to be lonely

Como ya les dije, que Martín luciera un hermoso anillo de compromiso en su mano no había cambiado demasiado las cosas. A pesar de que después de esa conversación y posterior beso nunca volvió a sugerir nada de ese estilo, era evidente que un año después, algo entre nosotros quedaba.
En cada receso de nuestras clases en la facu, íbamos a un kiosco - librería de al lado a tomar un café con algún tostado y a hablar con Marta, la empleada, que nos trataba de mil maravillas.
- ¡Chicos! Vinieron tarde hoy... - Preguntó sorprendida mientras preparaba un sandwich completo. Marta estaba en sus sesenta. Era petisa, de pelo castaño, con anteojos y varias arrugas. Voz ronca y a veces mal hablada, pero conocía a todos alumnos de la Universidad.
- Si, es que el profesor no quiso cortar un tema y corrió el recreo para más tarde. - contestó Tomi mientras le pagaba el pebete para empezar a devorarlo. 
El kiosco vive lleno de universitarios. La mayoría de los profesores hacen el corte a la misma hora, y Marta tiene que correr de un lado a otro, para llegar a atender a todos en los escasos 20 minutos (que siempre termina extendiéndose al doble, dependiendo la flexibilidad del profesor).
Ese día, nosotros habíamos llegado cuando todos ya se habían ido.
- Bien! Conseguimos sillas hoy! - festejó Marcelo. Pudimos ocuparlas todas, salvo una dónde había tres chicos.
- ¡Ah! - gritó de golpe Marta mientras nos alcanzaba las servilletas. - ¿Cómo les fue ayer que estaban tan nerviosos?
- No sabemos. O muy bien, o muy mal. Son de esos parciales que todo depende del profesor. - contestó Martín.
- Estudian sistemas. - Comentó Marta a uno de los chicos de la otra mesa. - Pobres, no sabés como les dan! Ellos vienen y me cuentan como ustedes, viste? 
El chico asintió sonriendo. Era alto, delgado, barba crecida, rubio de ojos marrones y con algunos rulos. Mientras Martín, Marcelo, Tomi y Emi se sentaban a comer sus sandwich, yo me acerqué al mostrador de Marta.
- Ah Diosita! Si usas perfume para la ropa, acá uno de los chicos vende. Asíque me avisas que yo le encargo, viste. Son muy ricos, ahora te traigo para que pruebes. - dijo mientras desaparecía atrás de la cortina que separaba la cocina del mostrador. - ¡Es ese chico que está sentado allá! - gritó.
Instintivamente giré la cabeza y me encontré con la mirada del rubio. Él se sonrío y me dijo:
- Le traje un par...cualquier cosa ya sabés, le decís a ella o sino yo siempre ando por acá.
Antes de que pudiera responder, Marta volvió con una muestrita. Era rico.
- Viste Mariano como te hago publicidad, no? 
- Si! Gracias Marta! Sos una genia!!
Pero entró gente al kiosco y desapareció por la otra puerta. El rubio, llamado Mariano evidentemente, parecía muy simpático, y se quedó hablándome sobre la facultad. Por eso no me di cuenta que ya era la hora de volver a clase.
- Diosa, ¿cómo era lo que dijo el de Planificación el otro día? - gritó Martín desde la otra punta del kiosco, pretendiendo interrumpir mi conversación. Yo me hice la sorda, y seguí con la charla.
- ¿Y por qué elegiste esa carrera? - me preguntaba Mariano. Entonces proseguí a contarle esa parte de mi historia. Pero Martín insistía.
- Diosa, ¿me escuchás? ¿Te acordás lo que dijo el profesor el martes? Que nos reímos tanto!...
Ya era más que evidente que debía responder. Me di vuelta y le hice una seña de desconocimiento. Acto seguido, continué mi relato.
- Pero si! ¿Sabés lo que digo? Lo que le dijo al gordito, de que no sabía para que estaba en la facultad si era tan desastroso. Fue tan gracioso! 
Martín ahora estaba al lado mio y trataba a toda costa incluirme en la conversación junto a Marcelo.
- No me acuerdo Martín, no sería tan importante porque creo que ya me olvidé.
- Uh, bueno. Es hora de volver ya! ¿Vamos chicos?
¡¡Desde cuando tanto interés en volver!! En ese instante lo odié. Se iban todos, por lo que no tuve opción. Lo saludé a Mariano y me fui atrás de ellos.
- Sos copado eh! - le comenté mientras caminábamos.
- ¿Por? - se hizo el desentendido.
- Estaba ahí chamuyando y vos interrumpiendo cada dos segundos.
- ¿Dónde? ¿En lo de Marta? ¿Con ese cara de poker?
- Si, ese cara de poker pero copado.
- Ahh y yo que sabía tonta! Me hubieras dicho...
- Claro, te decía "No Martin, no quiero contar esa anécdota porque me estoy chamuyando al rubio"...¡como no me di cuenta!
- Jaja! No así, pero una seña al menos! Perdón! Igual no te perdiste de mucho, tenía una cara de gil...!
- Para mi no era feo y muy simpático.
- Buen, para mi tenía cara de gil, y no quiero que estés con un nabo, Diosa.
- En todo caso eso lo decido yo - contesté ya cansada mientras entraba al aula.
Mariano siguió saludándome durante todo el año cada vez que nos cruzábamos en los pasillos o en el kiosco de Marta. Estudiaba diseño, pero no sé si ahora dejó o se recibió, porque ya no lo veo más. 
Lo más interesante de todo esto, fue que era muy notorio que Martín quería seguir ocupando su lugar en la historia. El no tenía intensiones de desaparecer a pesar de su compromiso y de que evidentemente nada más podía pasar entre nosotros. 
Pero a partir de ese día las cosas cambiaron. Quizás yo dejé de darle importancia. Quizás él se convenció. Pero poco a poco la relación se fue secando y paulatinamente dejamos de hablarnos.



Ese viernes, después de clase, fui a cenar a un caro restaurant de la zona junto a Emi, Tomi y Orlando. Comimos mariscos y un super panqueque con dulce de leche de postre. 
Intenté actuar de forma natural delante de Orlando, pero esa sonrisa Colgate aún seguía teniendo efectos en mi. Sobre todo cuando salimos y nos contó que se iba a encontrar con una chica. Admito que me afectó mas de la cuenta.

Pero la mayor sorpresa me la llevé la semana siguiente. Subiendo las escaleras de la facultad junto a Yanina, nos cruzamos un grupo de estudiantes de psicología.
- ...entonces yo le dije, viste, que yo iba a hacer mi trabajo. No voy a sacarle las papas del fuego todos los días.
- Yani! Mirá... - la interrumpí para señalarle disimuladamente a un pelilargo que pasó al lado mio clavándome la mirada.
- ¿Qué tiene?
- ¿No te hizo acordar a nadie? - le pregunté cuando ya se había alejado.
- mmmm, no me doy cuenta.
- ¡Igualito a Enzo era!
- ¡Nada que ver! Ah! Hablando de Enzo... estoy hablando de nuevo con él. - sentenció de golpe.
Disimulé mi sorpresa de la mejor manera que pude. Sin dejar de mirar el suelo emití un sonido  mientras me preparaba para seguir escuchando lo que seguía.
- Ah si? ¿Y que onda?
- Bien, por ahora hablamos tranquilos, no me tiró ningún palo de los que suele tirar él, viste? - "Sí, se perfectamente de lo que me hablás" pensaba por dentro. Sin embargo solo asentí con la cabeza.
- Ajam...
- Y resulta que nos dimos cuenta que trabajamos re cerca! A poquitas cuadras...
- Ah, mirá vos! - contesté permitiéndome dejar ver un poco mas la sorpresa que tenía en mi interior. A pesar de que lo único que tenía ganas de hacer era putear. Mucho.
- Entonces quedamos en ir a almorzar uno de estos días. Íbamos a ir hoy pero se me complicó con esto del laburo el horario del almuerzo, viste que te conté?
- Claro... - No voy a mentir, a esa altura la bronca me brotaba por los poros. Sin embargo, necesitaba saber más. - ¿Pero vos querés volver a algo con él? - pregunté como pude.
- No sé, viste como es Enzo, y sabés como soy yo. No me muero de ganas de nada, pero no hay otra cosa, entonces bueno, ¡es lo que hay Diosa!
Era la respuesta que sabía que iba a escuchar. 
- ¿Entendes lo que te digo? - le contaba por teléfono más tarde a Mecha. - Yo sé que es lo que pasa acá. Yanina le da bola porque Enzo es el único boludo que hay en el menú ahora, y él se debe de re pensar que se van a casar, que van a poder reconciliarse. ¡Se va a llevar un fiasco!
- Mejor Diosa, se lo merece! Él se hizo el idiota con vos...ahora que Yani le pague con la misma moneda...
- Si, ¿no?
- Si, totalmente. Cuando lo dejen pagando ahí vos vas a reírte. "El que ríe último..."
- Tenés razón. Pero...¿y si me equivoco? ¿Y si le sale bien y Yani se termina enganchando?
- No creo...te parece?
- No, no me parece. Pero uno nunca sabe...
- No te persigas Diosi, Enzo va a tomar de su propia medicina, vas a ver.
- Igual me da bronca. ¡Es un turro! Al final, claramente a mi me usó para darle celos a ella!!
- No pienses eso... Pero al menos quedate tranquila con una cosa: Yanina no sabe nada de lo que pasó entre ustedes.
- Si! Tenés razón! En ese sentido me quedo tranquila...

...aunque la idea de imaginarlos almorzando juntos me revolvía el estómago.

jueves, 2 de junio de 2011

Just can't get enough

- Tengo una propuesta para hacerte y no me podés decir que no, escuchaste? - Yanina trataba de que le prestara atención, pero entre los gritos de Martín y Marcelo no podía concentrarme. El profesor se había tomado un receso bastante largo y nosotros no veíamos la hora de volver a casa.
- ¿Una propuesta? ¿De qué hablás? Me das miedo!
- Te va a gustar! El sábado mis compañeros del laburo vienen a comer pizza a casa y después salimos por Capital. Vas a venir y no te podés negar, ¿ok?
- Ay Yani! Odio salir por el centro! Hace frío...¿cómo van a ir?
- En colectivo, hay uno que pasa cerca de casa y nos deja en la esquina de Goa. ¡¡Dejá de poner excusas!! Te conozco...
- Uy, encima que ahora pusieron guardarropa en Crow's! Se hizo tan cómodo!
- Diosa la puta madre! Tenés que cambiar de aire! Decís que querés hacer borrón y cuenta nueva pero seguís saliendo al mismo lugar con las mismas personas!! Vas a venir, no te lo pregunto...te obligo!
- Bueno...el sábado hablamos...
El gesto que Yani hizo pasó desapercibido por la llegada del profesor con un yogurt en la mano.
- ¿No te da fantasías eso Diosi? - me preguntó al oído Martín. Nada había cambiado desde que el anillo de compromiso había aparecido en su mano. A pesar de que cada año que pasaba, las arrugas en su rostro aumentaban, y su pelo era cada vez mas escazo, Martín hablaba de sexo con total libertad y gracia. Y en cada comentario que hacía, yo estaba involucrada.
- ¿No será que a tu edad te da fantasía cualquier cosa? - respondí guiñándole un ojo. Marcelo se estalló de risa. Conseguí que el maduro se mantuviera callado durante unos 15 minutos.
El sábado no me quedó otra opción que aceptar la propuesta de Yanina. Fui temprano a la casa y esperamos al resto. Pasamos a buscar a los compañeros de Yani por la estación y más tarde llegó mi amiga la rubia. Los chicos venían desde bien lejos: uno desde Luján y el otro no me acuerdo pero sé que había viajado como 2 horas también. Comimos pizza, y nos contaron anécdotas de su trabajo.
- ¡No sabés Diosa! El lujanero va comprar al quiosco más seguido que yo al baño!
- Eso es mucho decir - acoté.
El lujanero se sonrió dejando ver su gran dentadura perfecta, achicando sus ojos celestes y pronunciando una risa forzada.
- Bien que todos me piden que les haga mandados después!
Fui al baño a terminar de pasarme la planchita y el muchacho vino atrás mio.
- Contame algo de tu vida. - me dijo sentándose en el inodoro tapado mientras me miraba peinarme.
- Es un garrón que un flaco en actitud chamuyera te diga eso...aviso.
- Jajaja que genia! ...mmm, bueno a ver...¿de que equipo sos?
- ¿No me ves la cara de inteligente?
- ¿De River?
- ¡Andate de este baño! - bromié. - Bostera...mal!
- Uhh, cagamos! Yo jugué en River, hasta que me lesioné y no pude jugar más al futbol. Ahora me conformo con ser parte del equipo de la facultad de Luján. Hace poco fuimos a jugar a Brasil.
- Bien! Yo soy bostera pero tengo que reconocer que los jugadores mas lindos están en River. Cuando era chica y boba, recortaba fotitos de Cavenaghi y las juntaba.
- ¿Me estás hablando en serio? ¿O Yani ya te contó?
- mmm, no sé que podría haberme contado.
- Cavenaghi es mi primo!
Casi me caigo de culo. Me contó como él también jugaba en las inferiores junto con la gata Fernández y el malevo Ferreyra. Que salía a bailar con ellos a los boliches de moda. Que su carrera se cagó el día que se lesionó. ¡Con las ganas que yo tenía de ser botinera! Ahora el rubio de ojos celestes era un gran programador y chico IT como todos los otros que conocía. Pero al menos era pariente del bombón de Cavenaghi.
- Diosa!! - me llamó Yanina desde el dormitorio. - Vení un segundito! - Subí las escaleras y la ayudé a elegir la ropa. - Decime, ¿le das?
- ¿Al lujanero? - pregunté aunque sabía a lo que se refería.
- Sí, dale! Me parece que hay onda ahí.
- Es lindo, es simpático...es primo de Cavenaghi! Jaja!!
- Uh, ya te contó la historieta esa...entonces le gustás porque claramente te está chamuyando Diosi!
Admito que me gustó la idea, pero por fuera, me hice la desinteresada. Fuimos en remis hasta la parada del colectivo que nos llevaba a Goa, pero como eramos 5, nos separamos en dos autos. De más está decir que me tocó con el lujanero. Fuimos los 15 minutos de viaje hablando en inglés, él alardeando con que vivió un año en EEUU y yo con mis 10 años de estudio del idioma. El remisero estaba chocho!
Ya en el colectivo, el lujanero se ofreció a hacerme masajes durante la hora de recorrido que tuvimos. Era bueno, lo admito. Y hasta el momento de bajarnos, ya se había ganado un pico.
En la puerta de Goa, nos colamos en la cola que estaba haciendo Fede con sus amigos. Dio la casualidad que justo ese día en ese lugar, había organizado una reunión con sus amigotes de los juegos en red, y por eso le insistí a Mecha que también fuera. 
- ¿Ese es el chico que te iba a presentar Yani? - me preguntó mi amiga.
- Si! - contesté tratando de disimular. - ¿Qué te parece?
- ¡Lindo! Y parece simpático...¿qué onda?
- Todo bien por ahora...aunque viva en la loma del orto, claro. - dije con una sonrisa actuada.
Adentro del boliche, me puse bizca de ver los precios de las cosas y no me daban las manos para pedir tragos de lo que se me antojara. Es más, todavía tengo consumiciones que no llegué a cambiar de esa noche. 
Mi amiga la rubia, quería levantarse al otro compañero de Yani a toda costa, pero éste no le daba bola. Ella insistía. Yanina se ponía pesada a causa del alcohol, y Mecha se repartía entre nosotras y Fede.
- Un día tenés que venir a Luján, ¿conocés? - me dijo mientras bailábamos apretados un reggaetón de moda.
- No, nunca fui. Me gustaría conocer la Basílica.
- Cuando quieras te hago la visita guiada...pero mirá que termina en mi casa el tour eh!
- ¿Ah si?
Pero el rubio no me dejó elaborar ninguna otra respuesta, al siguiente instante lo tenía agarrándome del cuello y comiéndome la boca como hacía rato nadie lo hacía. Como en la pista había mucha gente que iba y venía, nos corrimos contra una pared. ¿Para que voy a mentirles? No sé si a causa de lo barato que estaba todo o a mi abstinencia forzada, les juro que a pesar de estar adentro de un boliche, esa noche llegué a ver las estrellas. El lujanero sabía perfectamente lo que hacía: y creo que yo también.
Cuando abrí los ojos y tomé conciencia de dónde estaba y lo que estábamos haciendo, me dio vergüenza. Lo solté del cuello y me di cuenta que, como diría Arjona, lo tenía agarrado como náufrago a la orilla. Y entonces reconocí que nos estábamos tocando en un lugar público y que probablemente alguien nos había visto.

- Acá cada uno está en la suya, nadie se preocupa por el resto, no te preocupes. - me tranquilizó. Me levantó en upa para sacarme la timidez, pero no funcionó: un patovica nos llamó al orden. - ¿Qué onda? Esto no nos dejan, pero lo de recién si!
Al volver a la realidad, no encontramos a ninguno de nuestros amigos. Empecé a llamar a Yani por teléfono y me dijo que estaban en la puerta. Pasamos por el guardarropas y salimos. Mecha me preguntó si volvía con ellos en tren o con Yani en colectivo. Yo prefería volver con Fede y sus amigos, ya que me parecía mas seguro no ser tres chicas solas, pero me convencí cuando el lujanero y el amigo se ofrecieron a acompañarnos a cambio de algunos mates en la casa de Yanina.
- ¿Vas a ir para allá para después volverte a la otra punta de Buenos Aires al rato? No sé como tenés ganas!
- Estoy acostumbrado a viajar 4 horas por día, no me molesta. Y aparte si me vuelvo me pierdo de estar un ratito más con vos, no te parece?
Caminamos las dos cuadras que separan la parada del colectivo de la casa de Yanina abrazados. Desayunamos, y entre que las chicas se dormían y el otro veía como volverse a la casa nosotros nos besábamos sentados en una silla. Pero se hizo de día y era hora de volverse cada uno a su lugar. 
Al día siguiente, me agregó al msn y empezamos a charlar. Quedé embobada al ver que escribía con acentos y comas, tal como a mi me gustaba! Me invitó nuevamente a Luján, a darle los masajes que le debía a cambio de los que me había hecho él. 

LaDiosa dice: 
no quiero parecer una come hombres después de lo que pasó ayer.
Lujanero dice:
para nada. A mi me encantó que hayas hecho lo que tenías ganas de hacer y punto. No pienso nada raro de vos.
LaDiosa dice:
te lo digo porque me ha pasado, y no quiero que sea el caso.
Lujanero dice: 
no te preocupes, pero me encantaría que vengas de visita, o al menos que pongamos un punto de encuentro en el medio de los dos así es parejo. 
LaDiosa dice:
bueno, algún día que no esté lloviendo como ahora.
Lujanero dice:
no importa, te espero y te tapo. Después me encargo personalmente de secarte, o sino de ducharte también.

Durante la semana entera hablamos por Skype cuando él estaba en el trabajo y yo en casa, y sino por mensajes de texto. Me deseaba suerte para los parciales o me preguntaba después como me había ido. Me expresaba las muchas ganas de verme que tenía y hasta a veces me llamaba por teléfono al celular para charlar. Yanina me contaba que entre ella y el otro chico lo cargaban por haber dormido y no haber llegado a más conmigo y eso le molestaba bastante. 
Pero un día las cosas cambiaron. Dejamos de hablar tanto, de estar tan pendientes de lo que hacíamos o no hacíamos. Y la noticia que Yani me trajo al tiempo lo explicó todo. El lujanero ahora andaba con una chica de la empresa. 
Quizás dormí, quizás estuve demasiado tranquila y lo dejé pasar. Pero la idea de lo complicado que sería verlo, las distancias y más aún conociéndolo tan poco, no me atraía demasiado. En su facebook veía como agregaba a chicas sin filtro alguno, llegando a superar las dos mil y eso no me inspiraba demasiada confianza.
Aunque la historia con el lujanero parecía terminada, el verano pasado se escribió otro capítulo para recordar...

...pero para eso todavía falta recorrer otras historias.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Una loba en el armario

- ¿Qué tenes en el cuello Diosa? - me preguntó mi mamá. Fui al baño a mirarme, paradójicamente parecían "chupones", pero claramente no tenían chance de serlo.
- No sé, me pica  un poco. 
- Vas a tener que ponerte algo, sino te va a quedar la marca. 
Con el correr de las horas, la picazón aumentaba, motivo por el cual decidí sacar turno con el dermatólogo. 
Apenas entré al consultorio, el doctor sentenció:
- Es el esmalte.
- ¿En serio?
- Si, pero para que te quedes tranquila, vamos a hacer las pruebas.
Llevé los mil millones de frasquitos de esmalte que tenía en casa, y el señor me llenó la espalda de algodoncitos con una muestra de cada uno. Dicho y hecho, al otro día tenía la espalda llena de ampollitas. 
- No podés pintarte más las uñas querida. Ni siquiera los hipoalergénicos, nada.
Mi cara se transformó, y el médico quedó impactado de ver como algo estético y sin sentido me afectaba tanto.
- Mínimo pasá un año sin nada, y después si querés volvemos a probar.
Para mi era lapocalipsis! Poco a poco me fui deshaciendo de los frasquitos, con dolor, casi con tristeza.
- ¡Mis uñas! Van a quedar desnuditas ahora...
- No es algo tan grave. - objetó Facundo mientras volvíamos de llevar a mi compañera la rubia a la casa.
Lo habíamos encontrado de casualidad en la esquina de Crow's después de una noche sin pena y sin gloria. Me había cruzado a Orlando, pero él andaba preocupado buscando a alguien más. Entonces lo vi a Facundo parado en la esquina de en frente. Miraba para la puerta y evidentemente al no ver a nadie conocido, volvió a encarar hacia su auto.
- Llamalo!! - me prepuso la blonda.
Entonces vino a nuestro encuentro.
- ¿Ya se iban? - preguntó. - Si quieren las llevo. 
La rubia aceptó en seguida, argumentando que estaba "a pocas cuadras". Mágicamente las cuadras se multiplicaron y resultó ser mas lejos de lo que pensamos.
- Al final tu amiga es una trucha! - se quejó Facundo cuando quedamos solos en el auto.
- Si, yo nunca fui a la casa, sino ni en pedo dejaba que la llevaras.
- Yo no tengo problema, pero nos re verseó! Jajaja! - reía alegre. - Sé que es tarde, pero ¿querés venir a mi casa?
- Me encantaría Facu, pero en 2 horas me tengo que ir a un asado. Sino sabés que te diría que si.
- Ok. No hay problema. La próxima será.
- Seguro.
Y después de algunos besos y otros manoseos, me bajé en mi casa. 
No estaba segura de haber hecho bien en rechazar la propuesta. Sabía que seguramente después me iba a arrepentir. La verdad era que el asado era mas excusa que otra cosa. Supuse que al negarme probablemente dejaría la puerta abierta para volver a verlo pronto, pero claramente me equivoqué. De todas maneras, ¿de que me hubiera servido volver a acostarme con él? Ah si, para tener un recuerdo más de lo bien que la pasaba con él, y conformarme cuando no lo tenía.
No. Ya estaba cansada de eso.
Como también estaba cansada de lo que sucedía en cada encuentro que acontecía con Enzo. Lo había visto más temprano esa noche en Crow's, y aunque hablamos normalmente, terminamos a los apretones. El me agarraba de los brazos fuertemente cada vez que yo amenazaba con tocarle el pelo. Nos reíamos, nos rozábamos, nos olíamos. Aunque cualquiera que nos veía se hubiera alejado para mantener el clima en la intimidad, la realidad es que fue todo vacío. Era como si ambos estuviéramos actuando. Enzo seguía siendo el desconocido en el que se había transformado desde hacía ya rato. Y el toqueteo que hubo en el medio lejos de divertirme, me dolía. 
Y estoy segura que a él también.

Entonces, ¿qué era lo que debía hacer? Nada, el tiempo iba a traer todas las soluciones necesarias.
Increíblemente entendí, que de nada valía seguir forzando las cosas que hasta ese momento no habían dado resultado. Lo que no es, no va a ser. Sólo podía sacar de lo que tenía, lo que servía. Y justamente eso era lo difícil. 
Cuando creí que lo mejor era salir al ataque, me choqué contra una pared. Un compañero recién separado e indefenso, eligió a Flavia antes que a mi. Y ella no aceptó para no armar discordia entre nosotras, pero de todas maneras me sentí una estúpida en todo sentido. No sólo por quizás interferir en lo que ellos querían de verdad, sino también por haberme ilusionado con algo que no era.
Cuando creí que lo mejor era reclutarme en el estudio y en mis responsabilidades, rendí como nunca en la facultad y en el trabajo, pero vivía con humor de perros y con los nervios de punta. Sentía angustia y no estaba contenta con lo que hacía. 
Estuve varios meses muy tranquila, meditando todas mis decisiones, pensando en todo lo que había pasado anteriormente mientras lo escribía en el blog y me daba cuenta de cosas que en el momento no había percatado. A la distancia y plasmado en palabras, todo es distinto.
Cuando quería conocer gente nueva, o no resultaba, o estaban de novios, o algo tenían para que la cosa no prosperaba. Parecía meada por en elefante!
Sin embargo a mi al rededor las cosas funcionaban bien. Yani estaba enamoradísima de un compañero de trabajo. Tomi y Rosa parecía que habían pegado buena onda y de ahí podía surgir una relación. Emi también se había enganchado con una amiga de Marina. ¿Y yo? Yo miraba al resto cual espectadora, aconsejando, escuchando. Participaba en modo pasivo.

Pero una fiera puede calmarse un rato, no todo el tiempo...

...no faltaba tanto para que volviera a las andanzas.

lunes, 25 de abril de 2011

Can't take my eyes off of you

- Diosa, se me parten los ovarios, me acaba de venir y no doy más. ¡Un dolor de cintura! - se quejaba Renata.
- Si, me imagino. A mi por suerte no me vino todav.... - me frené de repente en el medio de la frase. Mi cara cambió completamente.
- ¿Pasó algo?
- No, nada. ¿Qué día es hoy? - Empece a hacer cuentas. Un calor se apoderó de mi cuerpo. En seguida hice memoria.
- ¿No te vino todavía?
- No.
- ¿Cuándo fue la última vez que....?
- Con Facundo, la otra vez, te acordás...
- Pero se cuidaron...
- ¡¡Obvio!! Primero que Facundo no es como Orlando, y segundo que después de lo que pasó la otra vez ya aprendí!
- ¿Entonces? ¿Vos sos regular?
- Para nada!! Me ha pasado de estar dos meses sin que me venga...
- Ahhh!! Y bue, si es normal de que te preocupás??
- Es que pasó algo... O sea, nosotros nos cuidamos, pero tuvimos un accidente...
- ¿Qué accidente?
Retrocedí a aquella noche, y recordé cada detalle. Imposible olvidarme de lo lindo que había sido todo. Incluso cuando nos dimos cuenta que el preservativo se había roto. Facundo en seguida actuó y lo cambió sin que nada perjudique el momento.
- O sea, todavía no había habido riesgos, entendes? - expliqué.
- Igual Diosa, viste que si el diablo quiere meter la cola, lo hace! Deberías ir al médico.
La verdad es que no es algo que me agrade ir al doctor, y menos para temas como estos. Aparte conociendo que es algo normal en mi, decidí esperar unos días. De todas maneras, durante un mes estuve pensando toda clase de historias: ¿un embarazo de Facundo sería un castigo o un regalo divino? Mi cabeza imaginó un millón de posibilidades, y a pesar de que un hijo era lo último que necesitaba, ésta vez no tenía el mismo temor que con Orlando. Con Facundo sabía que las cosas serían diferentes.
Pero mi telenovela terminó cuando una mañana me desperté indispuesta. La llamé a Renata y respiramos juntas ante tal alivio. Y mi familia con mi gran amor se derrumbó de toda ilusión.

Roberto me llamó para invitarme junto con Julián, mi compañero de religión rara, y dos alumnos de la facultad, a cenar a la casa comida salteña. Fuimos hasta Belgrano R y llegamos a su departamento, en el que vive solo con sus dos gatas.
Los tamales eran feos, pero el locro safó bastante. El postre lo pasé por alto: quesadilla con miel, no me agradaba. Volvimos en el auto de uno de los chicos, Julián vomitando por la medidita de whisky que le habían dado a probar. Me dejaron a pocas cuadras de Crow's y me fui caminando el encuentro de Mecha e Inés que estaban allá. La noche fue rara, el pub estaba más lleno que nunca, pero sin embargo no había ninguno de los clásicos. Ni siquiera Facundo. ¿A dónde estaría yendo?. Desde que había cambiado de facultad y ahora tenía amigos nuevos (y de otros barrios), ya no lo veía como antes.
Pero para mi sorpresa, como dice la canción: "siempre hay una vuelta de tuerca más".
El viernes de esa semana, volvía del gimnasio del barrio caminando con mi amiga Yiyo.
- Me mató cuando hicimos la coreo de la de Shakira! La de shortcito rojo se sacudía toda!! 
- Jaja! A mi me encanta hacer la de reggaetón! Si mañana salimos, la hacemos! La profe dijo que... - pero me detuve en el medio de la frase. Frené en seco y Yiyo me miró extrañada.
- ¿Qué pasa? 
- Mmmm, no me hagas caso. - contesté. - ¿Qué te estaba diciendo? - Pero no escuché la respuesta de mi amiga. Seguí mirando el auto que salía del estacionamiento del supermercado. No era posible que todos los Fiat Uno negros que veía me parecieran que era Facundo. ¡Pero se parecía tanto!. Adentro, manejaba un chico bastante parecido a él, pero la gorrita en la cabeza no me dejaba mirarlo demasiado. Pero cuando el auto dobló en la calle vi la patente y lo confirmé: era él.
- ¿Me estás escuchando Diosa?
- Perdoname Yi! Pero era Facundo!
- ¿Quién? ¿Dónde?
- ¡En ese auto! ¡Y me miró! ¿Por que no me saludó?
- Capaz no te reconoció! Mirá en el estado en el que estamos! Jogging, zapatillas, pelo atado y todas transpiradas!
- Si, está acostumbrado a verme siempre toda producida jaja! - reí. Pero no pude quedarme con la intriga. Saqué el celular y le mandé un mensaje:
"No saludes vos eh!"
Con Yiyo seguimos caminando a nuestras casas, cuando mi celular sonó. Facundo me estaba llamando.
- ¿Hola?
- Hola, Diosa!
- ¿Qué hacés Facu?!
- Bien! No te ví! ¿Dónde estabas?
- Caminando por la calle. Te ví saliendo del Super. Pensé que me habías visto vos también.
- No, la verdad que no!
- Mejor, estoy re crota viniendo del gimnasio!
- Jajaja! Siempre dije que envidiaba tu predisposición para el ejercicio! Yo fui a comprar carne que a la noche vienen unos amigos a comer un asado.
- ¡Ah, que rico!
- Si, ¿vos salís?
- Ni idea!
- Bueno, seguramente después andaremos por Crow's, asique...
¿Asique qué? ¿Tan difícil era que me dijera algo directamente alguna vez? Hablamos de otros temas hasta que llegó a su casa y tuvo que abrir el garage y con el celular se le complicaba. Claramente no fui a Crow's y no lo ví.
Pero si de destino hablamos, el sábado la tuerca seguía dando vueltas.
Salida con Renata y Yiyo. Ellas querían volver caminando o en colectivo, a lo que yo, después de mi experiencia con los pibes y los palos, me negué. Da la casualidad que justo cruzando una esquina, veo pasar a Fede y su primo en un super 307 rojo lustrado.
- ¡Diosa! - me gritó Fede.
- ¿Vas para tu casa?
- Si, te llevamos?
- ¡Dale!
Me subí y vi que el que manejaba era Beto, un amigo de ellos que había visto un par de veces. Muy lindo, no exagero. Tanto, que no había notado la sangre en la remera de mi amigo.
- ¡Fede! ¿Qué te pasó?
- Me pegó un flaco en la esquina de Crow's sin motivo aparente. Parece que esta celoso de una amiga mia...igual cualquiera. No pude ni reaccionar porque me vino de atrás.
- ¿Puede ser que siempre te pasa algo a vos nene?
- Si, bajón!
Yo viajaba chocha de la vida en el auto del lindo de Beto, cuando en un semáforo de la avenida volví a ver ese auto. Si, ¿cuál otro?. Facundo paró justito al lado nuestro, y ahí no hubo escapatoria: me vió bien vista!.
En dos días, lo había cruzado de pura casualidad dos veces en situaciones y momentos diferentes.
Estaba claro que estas cosas no me beneficiaban.
Tampoco me hizo bien cuando me ayudó a elegir una cámara de fotos semi profesional para los 50 de mi tío. O cuando me ayudó a conseguir por internet una película francesa que necesitaba mi mamá para el colegio. Facundo tenía el defecto de ser bien predispuesto. Si yo le llegaba a pedir algo, él removía cielo y tierra hasta que yo lo tuviera. En ambos favores, se preocupó hasta que me los resolvió.
¿Cómo podía yo odiar a alguien así? O peor aún, ¿Cómo podía olvidarme de él? ¿Iba a ser posible de una buena vez por todas cortar por lo sano esta relación?
Sabía que no...

...pero ya era hora de hacer algo.

sábado, 9 de abril de 2011

Somos tan frágiles

Cuando empezó a llover entendí todo. El refrán estaba mal escrito: después de tanto sol, era de esperarse semejante temporal.
Por la minúscula ventana de la habitación de Facundo, podía llegar a ver como el viento golpeaba los árboles y desparramaba la lluvia por todos lados. Era fácil imaginarse que la calle prontamente estaría inundada.
- Llueve mucho. - dije preocupada mientras acariciaba sus largas pestañas. Estaba pasando el mejor fin de semana junto a la persona que más quería, y uno de mis mayores miedos me había pisado los talones todo el tiempo.
- Bueno, te quedás hasta que pare y listo!
La idea era genial, ¿qué podía ser más romántico que eso?. Pero era tarde y debía regresar a mi casa. Con semejante tormenta, mi familia iba a preocuparse si no volvía, y la excusa del desayuno no iba a funcionar esta vez.
- ¿Y si no para?
- No te vas...
¡Con las ganas que tenía de quedarme! Facundo no dejaba de acariciarme entera, de mirarme fijo a los ojos, de besarme toda la cara. Sé que nunca seré objetiva con él, pero aseguro firmemente que como amante es muy atento y cariñoso. No con palabras, característico en él, no dice mucho. Pero si lo hace, y con todo el cuerpo. Al fin y al cabo eso es lo más importante, no?
- Facu... ¿Me llevás?
Sin contestar, se acomodó en la cama arriba mio y sin dejarme mover, me regaló sus mejores caricias.
- En serio te digo! No estás colaborando! - dije cómplice. - Más tarde va a ser peor...digo, por la lluvia...
Me costó convencerlo, pero logré que se aparte de mi para ponerse el short. Busqué mi ropa en la oscuridad, pero solo encontré mi vestido negro.
- ¿Dónde está mi ropa interior? ¡Facundo devolvémela!
- No, volvé así. No la necesitás...
- ¿Qué? ¡No, dale! Me tengo que vestir!! Cómo voy a...
- Volvete así. Con el vestido nada mas. ¿Quién se va a dar cuenta?
- Pero, ¿y la ropa?
- Ok, te la doy. Pero la guardas en la cartera. Si te la vas a poner me la quedo...
Por un instante me pareció una locura. ¡Que depravado! Pero no, no había malas intenciones en su mirada. ¿Debía aceptar su propuesta?
- Bueno, está bien. Pero me resulta raro... - dije colorada.
- No pasa nada!
¿Le estaría cumpliendo una especie de fantasía o morbo? De todos modos, no me molestaba. Bajamos al living, y a pesar de mi miedo de ser descubierta, parecía que Facundo tenía razón y en su casa todos dormían plácidamente hasta tarde. Subimos al auto, un poco mojada por el temporal e incómoda por la falta de costumbre de andar sin ropa interior y en vestido.
Las calles estaban un poco inundadas, como había imaginado, por lo que íbamos despacito. En el camino nos cruzamos de todo, hasta un cortejo fúnebre. ¿Sería mal augurio? Pero lo más extraño para mi, fue cuando en un semáforo sentí la mano de Facundo por debajo de la pollera. Ese era el motivo de su extraño pedido. Lejos de avergonzarme, la adrenalina corrió por mi cuerpo. Hasta que el semáforo cambió y tuvo que seguir manejando.
Llegamos a mi casa y en cuanto bajé del auto me di cuenta que el cuento de hadas había acabado. No había rastros en mi cuerpo (ni siquiera las mas remotas esperanzas) de que al día siguiente volvería a saber algo de Facundo.
Y así fue.
Pasó una semana entera antes de volver a saber algo de él. No hubo llamados, mensajes, chat, nada. Solo la misma angustia de siempre. ¿Pero que otra cosa podía hacer más que resignarme a que nunca tendría su amor? ¿Había chance de jugármelas? ¿Tenía alguna manera de cambiar de táctica? No lo sabía. Nunca tuve esas respuestas.
Pero de haber sabido que durante todo este año iba a costarme tanto lograr volver a sentir algo parecido a lo que sentí ese fin de semana a su lado, de seguro hubiera hecho algo distinto a la inmutabilidad que adopté.

Los días avanzaron, mi vida continuó. Con Enzo retomé la conversación. Aunque su actitud había cambiado totalmente después de la discución borracha que habíamos tenído, de todas maneras ya no teníamos la misma calidad de charlas.
- Necesito que le pidas a tu tío que me haga socio del club. - me había dicho varias veces. La vieja herida en mi, me hacía pensar que el intento de arreglar nuestra relación, era solamente para conseguir este beneficio.
- ¿Me estás usando para tu conveniencia Enzo? - le pregunté.
- Diosa, puedo tolerar cualquier ataque de rebelde way que tengas, menos este. Sabés perfectamente que siempre estuve cuando me necesitaste. Me parece que estás un poco perseguida.
- Dale, tirame el fardo a mi, como hacés siempre!
- No. Es que el planteo es tuyo, por eso lo hago. Yo sé perfectamente que mis sentimientos hacia vos no cambiaron. Sos vos la que venís a decirme que sentís algo diferente. Estás un poco perseguida...
- Está bien Enzo, dejemosló ahí. Yo soy la perseguida, acá no pasa nada. Cuando hable con mi tío te averiguo.
A veces es preferible tragarse la bronca y agachar la cabeza. No me hacía bien discutir con él: a pesar de todo, todavía lo quería demasiado.

Yanina había arreglado con los compañeros de su nuevo trabajo para ir a cenar el viernes a la salida. Me pidió si podía acompañarla para no ser la única mujer, para hacerle la pata y para que de paso yo conociera a los "lindos" chicos de sistemas. Asique me fuí hasta el centro a buscarla y esperé hasta que saliera.
- Todo mal Diosa. - me dijo cuando vino sola a mi encuentro.
- ¿Qué pasó?
- Se cayó la salida!
- ¿¡Qué?! - exclamé indignada. Me había hecho ir hasta allá al cuete.
- Sí, estaban todos cansados y no quisieron.
- Pensé que si me habías pedido que viniera porque era algo seguro.
- Bueno, ya está. ¿Vamos a comer por acá?
- Y sí, dale. ¿Conocés algún lugar lindo? - pregunté al ver que no tenía otra opción.
- ¿Vamos a Mac Donalds?
- Ay no Yani! Aprovechemos para ir otro lugar ya que andamos por acá! A Mac podemos ir por casa!
- Pero yo quiero ir a Mac! Dale!!!
- Yani, aparte vos te la pasas comiendo en Mac Donalds cuando sabés que el médico no te lo recomendó...
- No importa, dale!! - y empezó a caminar por la vereda. No tuve opción, tuve que seguirla. Segundo porotito de la noche.
Llegamos a un local de pleno centro e hicimos nuestro pedido.
- ¿Vamos para Crow's? - me preguntó.
- Pensé que ibas a querer quedarnos, no volver para casa.
- Si, pero hoy es viernes, que se yo. Vayamos para allá, no?
En esa propuesta no puse demasiada resistencia ya que amo ir a Crow's y estar cerca de casa garantiza encontrar algún conocido.
Dicho y hecho. Cuando llegamos a mi querido pub, nos encontramos con Orlando y su super grupete de amigos. Sergio, el que había estado con Yanina, en seguida se acercó a saludarnos.
- ¿Cómo andan divinas?
Sin embargo, Yanina a penas si lo saludó.
- Voy al baño, ahora vengo. - me dijo. Yo me quedé charlando con Sergio en la barra mientras pedíamos dos tragos para compartir. Orlando iba y venía con gente que se encontraba. Pero todo empezó a extrañarme cuando Yanina no regresaba.
- Voy a buscar a Yani! - le dije a Sergio dejándolo solo. Pero al rato regresé sin éxito en mi búsqueda: Yanina no estaba en ningún lugar de Crow's. La llamé al celular. Nada. Mensaje de texto. Nada. La situación me empezaba a preocupar.
- ¿No la viste a Yani? - le pregunté a Orlando.
- No, la vi cerca de la puerta hace un rato.
Seguí insistiendo al celular hasta que me atendió.
- ¡Yani! ¿Dónde estás?
- En un auto.
- ¿Qué auto?
- Un remis, estoy llegando a casa.
- ¿¿¿¡¡¡Qué!!!??? - Sergio me miró preocupado ante mi exclamación.
- Si Diosa, me pedí un auto y me vine.
- ¿Sin decirme nada? ¿En que estabas pensando Yani? ¡Por Dios! ¿Porque me dejaste sola?
- Porque estabas con Orlando. Aprovechá, andate con él, dale.
- Yo no me voy con nadie nena! Yo había salido con vos, y estábamos tomando algo y desapareciste sin ni siquiera avisarme. Orlando si apenas nos saludó! ¿Qué te pasa?
- Pasá que yo ya no estoy para estas cosas...
- ¿Qué cosas? De que me hablás...estuve atrás tuyo todo el día! Que ir al centro, que cena, que volver, quenosequé...¿Qué cosas?
- No estoy para irme de un boliche a coger con cualquiera como antes...
Y me cortó. No entendí nada. ¿Cómo había sido posible que haya llegado a esa conclusión? Yo había tenido paciencia todo el día, le soporté mil caprichos porque sabía lo mal que la había pasado ese último tiempo. Pero no merecía que me deje de esa manera. Me pedí un remis y me fui a mi casa, a pesar de la insistencia de Sergio y la presencia intimidante de Orlando.
¿Qué era lo que estaba pasando? ¿De que me servía entregar tanto amor? Facundo ni siquiera lo notaba, Enzo me usaba y Yanina no valoraba lo que hacía por ella...

...¿Sería yo la equivocada?