domingo, 11 de septiembre de 2011

Tratame suavemente

Cuando me enteré que a Orlando se le había prendido fuego la casa, ni siquiera me sorprendí. Las cosas mas insólitas le pasan a él. ¿Cómo era que todavía no había ninguna tragedia en su anecdotario?
Resulta que la madre se fue a dormir, y la almohada eléctrica que quedó apoyada en el sillón, hizo un cortocircuito y se prendió fuego con sillón y todo. Por suerte se dieron cuenta y pudieron apagarlo antes de que se consumiera toda la casa, pero el humo destruyó varias cosas y Orlando hizo destruir varias otras que andaban mal y poder cobrar el seguro. Incluso su loro.
- El veterinario dice que tiene un estrés postraumático. No habla, está duro todo el día. ¡Tiene las plumas paradas! - nos contó.
Pero lo más increíble de la historia del fuego, viene después de dicho acontecimiento. A consecuencia de las "destrucciones", la casa debía ser pintada, reparada, arreglada. Entonces para no estar en el medio de los albañiles y el desastre que era la casa, decidieron mudarse por los dos meses que la misma estuviera en reparaciones.
- ¿Y a dónde se van Orla? - preguntó Tomi muy preocupado.
- A un departamento que van a alquilar mis viejos en Puerto Madero.
Emi y yo abrimos los ojos como huevos fritos. Si a mi se me incendia la casa voy a parar a la villa 31. Pero Orlando era puro glamour, y para sobrellevar semejante tragedia, debía ir al barrio más top de Buenos Aires.
Sin embargo, a todos nos vino al pelo cuando llegó su cumpleaños. El departamento alquilado tenía SUM propio y quedaba a la vueltita de Asia de Cuba. Ideal para un gran festejo.
Por eso ni daba hacerme la linda o la ofendida y negarme a asistir a tal evento. Por el contrario, pedí turno a la peluquería y me estrené una remerita que me habían regalado mis alumnos días antes por el día del maestro.
Fuimos con Yani y Emi en el auto de Tomi, y caímos cuando todos sus amigos habían llegado, asíque nos anexaron una mesa en una de las puntas. 
Con Yani nos pusimos a hablar con el chico que nos había tocado sentado al lado, ya que nos pasaba la comida y la bebida que no alcanzábamos y preparaba fernet en botella. Si si, fernet en una botella de plástico...se les fue el glamour por la costanera.
- Diosa, para vos compré vino. - me dijo Orlando. - Me acordé que no te gusta el fernet y compré dos botellas con algunos Speed.
- Ayy, que divino!! Gracias!!
Y aunque tenía ganas de matarlo, me bajé la botella sorbito a sorbito. Había que aprovechar.
¿Y que les puedo contar de lo que vino después? Fuimos al boliche caminando mientras nos sacábamos fotos en el puente de la mujer (si, muy campestre lo nuestro). Entramos sin hacer cola, porque resulta que su cuñado es amigo de nosequién. Y lo que pasó ahí adentro ya es otro tema. Recuerdo que hasta en un momento terminé dándole conjuntamente con Yani, un beso a Sergio, el amigo de Orlando al que mi amiga le daba en los cumpleaños. 
Pero lo mejor de todo fue cuando disimuladamente me fui a un rincón con amigo-alcanza-botellas a chapar lo más tranquila posible y no va que un grupo de pibes se agarran a piñas justito al lado nuestro. Ahí nomás, donde fueron todos los patovicas y a dónde todo el mundo miraba. De más está decir que Orlando y su sonrisa colgate nos encontraron al instante. 
Y si, le estaba dando más de despecho que de gusto. Pero no podía admitirlo, sería otorgarle demasiada importancia a alguien que no la merecía. De más está decir que él ni se inquietó, no vino llorando a pedir perdón ni se enojó con su amigo. Eso no importaba. Al menos ahora no disfrutaba solamente él.
Al día siguiente, fotos en facebook de por medio, el amigo me agregó al msn, y me ofreció su departamento, en el que vive solo, para hacer previa con amigas cuando quiera.
A pesar de que la idea era genial, tampoco era lo que yo quería. Mi plan parecía haber fracasado, las cosas seguían igual de mal: la única angustiada en la historia era yo.
Pero yo sabía que siempre hay revancha. Y me iba a encargar de que así fuera.
A las dos semanas, fuimos a la pizzería de mi compañero Nahuel después de la facu. Llamé a Renata y a Flavia para que se sumaran y cuando la pizzería cerró, nos quedamos adentro con la persiana baja, saqueándole la heladera de bebidas. Y mas tarde, aparecimos en un bar cercano. ¿Quién estaba? Si, Orlando con su amigo Sergio.
Seguimos tomando entre baile y baile. A esta altura de los acontecimientos, yo ya entendía cada movimiento y mirada que el rubio hacía. Puedo decodificar cuando su pose es actuada o cuando está relajado. Logro entender si esta en actitud de caza o no, y esa noche, Orlando estaba en celo. 
Sin embargo, no me dijo nada en toda la noche. A pesar de los roces y conversaciones al oído, no hubo ningún tipo de invitación. 
Ya a la mañana, nos separamos en los autos para ir a casa. Orlando me llevó junto con Sergio y Flavia, y luego de dejar a mi amiga, empezó a tirar algunos de sus típicos palos. Y yo los esquivé todos. 
Bajé primero yo, y él siguió viaje con Sergio. Pero ya dentro de mi casa y a punto de irme a acostar, se volvió a repetir esa escena que ya me sabía de memoria. Mi celular sonaba mostrando su nombre en la pantalla. Dudé, pero atendí.
- ¿Hola?
- Hola, Diosa.
- ¿Qué pasa Orla?
- ¿Te vas a dormir ya?
- ¿Y qué te parece?
- Ah, no sé...capaz querías que te pase a buscar...
- ¿Ahora? No...
- ¿Por? ¿No querés ir al departamento o algún lado? Así estamos un rato...digo, la pasamos bien, no?
- No, la verdad que no es momento, ni hora, ni nada. Te hubieras acordado antes.
- ¿Antes? ¿Cuándo?
- ¡Antes! Antes de dejarme en mi casa por ejemplo, antes en el boliche...Pero no, adelante del resto está prohibido, no?
- Sabes que no me gusta que esté todo el mundo en el medio. Además si están mis amigos, me da vergüenza.
- Sii, me imagino!
- En serio. Dale, ¿Te paso a buscar?
- No, te dije que no. Y sabés que cuando te digo que no, es no!! No insistas...
- Bueno, está bien. Que conste que la mala sos vos.
- Yo no soy mala, pero hay ciertas cosas que no me gustan y por ende no voy a aceptar. 
- Okey, la próxima entonces...
- La próxima veremos...
Y corté con la plena satisfacción de haberlo rechazado. De haberlo tenido de nuevo al pie como yo quería, y decir NO. Seguramente nunca entendería que lo que yo quería demostrarle era que necesitaba un poco mas de respeto. Que me valore más, que se diera cuenta que había cosas que no me gustaban. Orlando nunca me iba a entender, y probablemente yo nunca lo entendería a él. Y sin embargo nos buscamos todo el tiempo. Sin embargo me gusta, hay piel. Y estaba más que segura que habría próxima vez...

...lo que no sabía era que sería como fue.

4 comentarios:

  1. Perdon Diosa, pero a mi Orlando no me gusta para nada! :(

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  2. Uh, y cómo fue? Siempre nos dejás con ganas de leer ya la próxima entrada :P
    No entiendo por qué siempre volvés con gente que no te da importancia, que no te quiere. Es sólo por diversión, por pasarla bien un rato?
    Igual no es algo que lo digo solo por vos, si no que lo veo en mucha gente.
    Las relaciones humanas son cosas muy complicadas!

    Un Bedoya Diosi :)

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  3. Un beso dije!
    Pero algo habré apretado mal, que el corrector automático puso cualquier cosa...

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  4. aaaaaaaaaaaapa, que habra pasado!!!!
    estoy con Vero, nose si lo banco a Orla.
    a Vos, un beso gigante*

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