La veía a Marianela correr por Crow's como si fuera la última vez que iba a estar en ese lugar y a mi se me revolvía el estómago. Sencillamente por más que intentara hacer de cuenta que nada había pasado, por más que le había dicho que la perdonaba, la herida no había sanado.
Una nube de odio opacó mis sentimientos, y todo lo que Marianela hacía, decía o incluso hasta como se vestía, para mi estaba mal. Cuando me hablaba trataba de evitar sus ojos, porque si la miraba, la bronca y el dolor que sentía me hacían desviar los pensamientos y no podía responderle. Era conciente de que el hecho en sí no era tan grave, pero cuando algo se rompe, es difícil arreglarlo. Pero de algo estoy segura, intenté con todas mis fuerzas volver a recomponer mi relación con ella. Solo que no pude.
Esa noche, no había sentido ganas de salir desde que puse un pie fuera de mi casa. Pero ante la insistencia de Yanina y mi motivación por arreglar las cosas, soporté hasta las 5 de la mañana apoyada contra una barra y charlando con cualquier conocido que veía para distraerme.
- Damos unas vueltas mas y nos vamos Diosa, querés? - me preguntó Yanina al verme la cara de cansada.
- Si, dale. Como quieran.
Pero en el momento que me dejaron sola, entró en cuadro la persona que más necesitaba: Facundo.
- ¡Facu! - le dije sorprendida.
- ¿Qué hacés Diosa? - se acercó a saludarme.
- No te crucé en toda la noche, que raro!
- Es que recién entré. No están dejando entrar mas a nadie en realidad, pero el Pelado me hizo la pata. - me contó. El Pelado era el jefe de seguridad de Crow's.
- Ahh, que suerte!
- ¿Vos? ¿Todo bien? - me preguntó. Si tenía tiempo podía contarle muchas cosas y mil motivos, pero solo me limité a sonreirle.
- Sí, contenta porque aprobé todos los finales!
- Opa! Entonces hay que festejar! - se apoyó contra la barra y pidió. - Dos botellitas chicas de champagne. - Yo me sorprendí por varios motivos: no solo siempre me pregunta que quiero tomar, sino que nunca lo vi tomando champagne.
El barman le dió las botellas y brindamos. En ese instante volvieron Marianela y Yanina.
- Ahh, estabas bien acompañada! - me dijo Yani mientras se saludaban.
- Si querés podemos ir, Diosa - acotó Marianela. No sé que expresión habré puesto, pero Yani se apuró a responder.
- Ahora no! Dejemos que la Diosa se tome eso, y vos ayudame a encontrar al flaco ese de remera azul!! - y sin dejarla responder se la llevó dejándonos solos de nuevo.
Yo me sentía cansada. No toleraba seguir viendo mi vida pasar por adelante sin hacer absolutamente nada.
Lo miré a los ojos a Facundo y lo agarré de la cintura trayéndolo hacia mi. Él me abrazó y me dió un beso en el cachete.
- ¿Por qué? - le dije. Pregunta sin sentido, pero me salió decirle eso.
Sin embargo, sin responder, Facundo me comió la boca.
Y en ese instante todos mis problemas desaparecieron. Todas mis preocupaciones se esfumaron y mis dolores sanaron. Estaba donde más quería estar, con la persona que más quería. Porque más allá de todo, Facundo me hacía bien.
Nos quedamos una hora así, como solíamos hacer, acurrucados contra la barra. Facu le regaló una botellita al Pelado por dejarlo entrar y compartimos la otra.
Pero era la hora de cierre y en Crow's empezaron a "invitarnos a salir". Entonces aparecieron las chicas nuevamente. Yanina estaba alborotada y gritaba cosas.
- Diosa!! Nos vamos!! Chauuuu!! - exclamó mientras nos saludaba.
- ¿Qué? ¿A dónde? - pregunté confundida. - Yo me tengo que ir con ustedes!
- Nooo! Quedate!! - contestó segura. Y miró a Facundo. - ¿Vos la llevás, no?
- Si, no hay problema... - contestó. Pero que iba a contestar!
- Buenísimo! ¡Vamos Mari! - y por tercera vez, desaparecieron.
Cuando ya nadie quedaba dentro del bar, salimos. Facundo me llevaba de la mano, y yo me sentía orgullosa de eso. Incluso, cuando en la puerta me choqué con la última persona que quería ver.
- Hola. - Fue todo lo que me dijo Orlando cuando me vió de la mano de otro. Respondí el saludo y seguimos caminando. Decidí que no debía afectarme, y no sucedió. Facundo era mi escudo protector de todos los males.
Llegamos a la esquina y vimos a Marianela y Yanina sentadas en una parecita con dos ex compañeros nuestros del colegio.
- ¿Qué hacen acá? - pregunté.
- Esperando el remis. - me contestaron. Yo lo miré a Facundo sin saber que decir.
- Yo te llevo, si querés...
- Bueno, dale!
Me acerqué a saludar, y cuando le di un beso a Yanina me dijo al oído:
- No seas boluda, hacé lo que tengas ganas de hacer...
La miré y en seguida nos entendimos.
- No sé, vamos a ver. - y volví a agarrar a Facu de la mano para seguir caminando.
Llegamos al auto y nos subimos. Puso música y arrancó a mi casa.
En ningún momento del viaje pasó algo fuera de lo habitual. Hablamos como siempre, nos reímos como siempre. Hasta que llegamos a la puerta y tuvo que detenerse.
Lo besé a modo de despedida y él detuvo el auto. Pasaron mínimo 5 temas, y nosotros sin poder despegarnos. Entoncés, pasó, como tantas veces...
- ¿Querés venir un rato a mi casa?
Hice un repaso mental de los pro y los contra. De los "tips" femeninos que hay que tener en cuenta. Vi el reloj, era tarde. ¿Y si mi abuela estaba despierta y había visto el auto detenerse?. Había mas contra que pros, pero ya no podía seguir buscando excusas.
- Como vos quieras... - le dije.
- Si te lo digo es porque quiero. Vos decime si querés...
- Y... cómo vos quieras, dale! - contesté lavándome las manos del asunto.
- ¿Decido yo? Listo. - y sin decir más nada, arrancó el auto y me llevó a su casa.
En el viaje me fue relatando por las casas de personas conocidas que ibamos pasando.
- Acá vive Carlos. - me dijo e hice una nota mental para recordarlo. Pero mientras cantábamos y conversábamos, una parte de mi cerebro no dejaba de maquinar y de elaborar suposiciones como suele hacer.
Llegamos y bajamos del auto. Abrió la reja y me dejó pasar primero. Abrió la puerta y volvió a ofrecerme el paso. Pero cuando me asomé, vi pasar por el rabillo del ojo a Lautaro y en seguida me frené.
- Mejor pasá vos primero. Es tu casa, me da cosa entrar a esta hora.
- No pasa nada! - dijo entrando. - Mis viejos duermen. A lo sumo estará Lautaro por ahí.
Claro, que no se dió cuenta que justamente ese era el problema. Pero por suerte su hermano menor se encerró en su cuarto y no salió mas. ¡Qué vergüenza!
- Subamos a mi guarida. - me dijo señalándome una escalera de esas que se ponen en los altillos. Decidí no decirle que las escaleras (especialmente las de ese tipo) me dan vértigo, y subí torpemente. Y por fin llegué a ese lugar donde tantas veces me había imaginado estar.
La habitación era un entrepiso chiquito, todo de madera y lleno de cosas desordenadas. Ropa en el piso, CD's por todos lados, instrumentos, y cosas inservibles. Un poster de los Simpsons en la pared, repisas llena de muñequitos y desodorantes, una tele colgando de una esquina, un escritorio con la PC, y un placard vacío.
- Como verás, toda mi ropa está para lavar. Por eso el placard está vacío. Y no te fijes en el desorden.
- Jaja, no hay problema. Estoy viendo la lámpara igual a la mia, como me habías contado...
- ¿Querés tomar algo? Bajo al baño.
- Un vaso de agua, por favor.
Y bajó dejándome sola. Me dediqué a analizar todo lo que veía. Buscaba algo que no supiera de él, pero por supuesto, no encontré. Todo lo que allí había, hablaba de él y de su persona. De sus gustos, de su caracter. Era sencillo, por mas que quisiera encontrarle la vuelta, Facundo era transparente.
- Tomá. - dijo alcanzándome el vaso cuando volvió. Tomé un poco y lo dejé arriba del escritorio. - Voy a poner un poco de música. - Y arrastró unos cuantos temas desde una carpeta, hasta el Winamp. Lo único que nos iluminaba era la pantalla de la PC.
Me senté en la cama y el hizo lo mismo a mi lado. Sin decir nada nos miramos...
...y así comenzó un momento que jamás en la vida podré olvidar.
lunes, 11 de octubre de 2010
lunes, 4 de octubre de 2010
Hole in my soul
Si había algo que no estaba preparada para saber, era lo que supe en ese momento.
Hacía un tiempo que me estaba cansando de las idas y venidas de Facundo. Enzo no hacía mas que confundirme. Y el resto de los hombres eran tan pasajeros que ni valía la pena tenerlos en cuenta.
Simplemente me sentía sola, poco deseada. Empezaban a surgir todos los complejos femeninos existentes, y sobre todo, me empezaba a carcomer la voz interior que me jugaba una mala pasada. ¿Algún día encontraría el momento y la persona para perder mi virginidad?. Siempre estuve convencida de que sí, que no debía forzar la situación. Sin embargo, por momentos tenía miedos. Y era en esos momentos, en los que estaba a punto de flaquear y caer en la tentación.
Sobre todo con personas como Orlando. Él sabía persuadir como nadie. Él tenía las armas. Él era un seductor nato. Y lo sabía.
Entonces, hablando con Marianela al día siguiente de mi última odisea, le confesé que estaba insegura de lo que había hecho. ¿Y si hubiera aprovechado la oportunidad? ¿Y si era esa una buena manera de sacarme el peso de encima, logrando exorcizarme de Facundo?.
Pero había algo que yo no sabía. Un motivo que de una extraña manera, se había presentado en mi el día anterior en forma de miedo y me había ayudado a no caer. Un motivo desconocido hasta que mi mejor amiga se dignó a hablar.
- No sé como decírtelo, Diosa.
- Me das miedo. Hablá ya, Mari.
- Prometeme que no te vas a enojar.
- ¿Podés hablar de una vez?
- Bueno, ¿viste el sábado pasado que vos no saliste para estudiar para Campo y yo fui a Crow's?
- Si.
- Bueno, ese día también fue Orlando.
- Si, me dijiste...¿Y?
- Nada...estuvimos hablando. Y Diosa te juro que no me pude contener!
- ¿De qué hablás Marianela?
- Me besó.
- ¡¿Qué?!
- Si, eso. Yo no quería decirtelo porque...
- No pará, pará, pará. ¿¿Estuviste con Orlando y no me contaste??
- Es que no sabía como decírtelo porque sabía que te ibas a enojar y...
- Y nada! ¡Me lo ocultaste! No te das una idea lo mal que me hace esto, Marianela.
Corté el teléfono y ni siquiera quise hablar con Yanina cuando me llamó. Ella tampoco sabía nada y estaba tan sorprendida como yo.
¿Era acaso posible sentir una desilusión tan grande en el pecho como la sentía en ese momento? Tenía ganas de llorar, de gritar, de romper algo. Pero solo puse música triste bien alta y me fui a dormir temprano.
Al día siguiente, se abría la inscripción para el segundo cuatrimestre en la facultad y nos levantamos temprano para evitar las colas que suelen hacerse. Me encontré con Marianela en el colectivo y estuvimos la mitad del viaje completamente en silencio.
- ¿No me pensás decir nada? - me dijo por fin.
- ¿Qué querés que te diga? - contesté sin cambiar mi expresión. No podía mirarla, no podía hablarle, tenía mucha impotencia.
- No sé, aunque sea gritame, pero decime algo.
- Estoy muy dolida, no te das una idea como me duele todo esto. ¿A vos te parece ocultarme algo así?
- Es que si te lo contaba te ibas a enojar. - se excusó.
- ¿Y acaso enterándome una semana después no me iba a enojar peor? ¿No se te ocurrió eso?
- Pasa que en el momento no supe como decírtelo, no me animé. Y después fue peor.
- Eso es porque sabías que estaba mal lo que hiciste, sino no hubieras tenido problema en venir a decírmelo.
- Yo no pienso que está mal lo que hice.
- ¿Me estás cargando? - le dije no pudiendo creer lo que oía. - ¡Con mas razón! Si para vos estaba genial, me lo hubieras dicho!
- No podía!! No me niegues que te ibas a enojar como cuando te enojaste por lo de Gabriel!
- No me enojé por Gabriel, no me enojo por Orlando...me enojo con vos! Por las cosas que hacés...porque me ocultaste algo que merecía saber.
- Lo que pasa es que vos te creés que todos los hombres que te gustan son tuyos y nadie los puede tocar.
Tragué saliva y me mordí los labios para no decir palabras que no debía. Lo que acababa de escuchar era demasiado para mi. ¿Estaba hablando con una desconocida? No, era mi mejor amiga.
- Mirá Marianela, si yo me creo dueña de los hombres, en todo caso es problema mio. Si yo me enojo por eso, la boluda seré yo. Pero acá hay otra cosa en juego. Vos me ocultaste una verdad que como amiga, tenías el deber de decirme. ¿Acaso no te das cuenta lo difícil que se me hace poder abrirme a una persona? Me escuchaste angustiarme miles de veces por eso, lo sabés perfectamente. Y también sabías que estaba dispuesta a hacerlo con Orlando. De hecho, sin saber lo que había pasado entre ustedes, estuve a punto de tener relaciones con él. De tener mi primera vez con un pibe que le da igual si soy yo, vos, Yani o la vecina de la esquina. Y vos lo sabías y no fuiste capaz de alertarme. Disculpame si te ofende lo que te digo, pero eso no se hace.
- No sabía que ibas a llegar tan lejos.
- Cuando el sábado te dije que me iba con él que pensabas? ¿Qué íbamos a mirar la tele?
- Ya te dije, tampoco es que me besé a Facundo! Es Orlando. Las tres estábamos muertas con él cuando lo conocimos.
- Por empezar que yo lo conocí mucho antes que ustedes, pero eso no importa. Desde el día que él vino a mi casa y pasó lo que pasó, supuse que ustedes se abrían como pasa siempre. Pero fuera de todo eso, que son boludeces, vos en vez de abrirme los ojos me alentabas para que lo busque! Cuando me dijo que se peleó con la novia me viniste a decir que aprovechara!!! ¿¿Qué aprovechara qué?? ¿Por qué no me avisaste que a él le daba igual?
- Por que sabía que te ibas a poner así, que te ibas a enojar. Porque ya te dije, los que te gustan a vos son intocables...
- Está bien, tratame de egoísta, ya está. No me quiero pelear con vos, pero quiero que sepas que me duele mucho todo esto.
Llegamos a la facultad y bajamos del colectivo. Nos anotamos en silencio, y gracias a Dios llegó Yanina para cortar el aire espeso del ambiente.
Para completar el cartón del bingo, a la nochecita me habló Orlando por msn.
Orlando dice:
Hola Diosa, cómo va?
LaDiosa dice:
Hola, todo bien
Orlando dice:
te quería pedir disculpas por lo de Mari, si te enojó
LaDiosa dice:
nah, vos no me tenés que pedir disculpas de nada. Cada uno hace lo que quiere, no?
Orlando dice:
si, que se yo. Te decía nomás porque no quería que haya caras de orto en la facu, un bajón
LaDiosa dice:
sería muy pelotuda si hago una cosa así. Después de todo nadie tiene que darle explicaciones a nadie. Pero me hubiera gustado saberlo, no te lo voy a negar.
Orlando dice:
obvio. Pero yo no era el indicado para decírtelo
LaDiosa dice:
seguro, por eso no tengo motivos para enojarme con vos...creo.
Pero quizás si tenía un motivo para enojarme. ¿O para agradecerle?. Me había ayudado a descubrir quién era realmente Marianela. Yo confiaba ciegamente en ella, era capaz de poner las manos en el fuego por su amistad y su confianza. Y me había traicionado. La mentira y la traición ahora rondaban el ambiente. ¿Cómo volver a confiar en ella?. ¿Cómo volver a mirarla a los ojos?. Pasó una semana, y yo no podía hablarle normalmente. Por su parte, era como si nada hubiera pasado y a mi se me clavaban puñales en el pecho cada vez que recordaba lo que había pasado.
- Yo no puedo tomar partido por algo que no me afecta. - me dijo Yanina. - Pero fue muy boluda con lo que hizo. Se equivocó feo. Pero no creo que lo haya hecho de mala, sabés que Mari es así de boluda a veces.
Y todas esas veces la entendía. Pero no está vez, no con nuestra amistad. Quebró una regla sagrada, y yo sabía que iba a ser casi imposible de repararlo.
Pasaron los días y decidimos salir de nuevo las tres, "borrón y cuanta nueva" me dijo Yani. Yo no paraba de estar a la defensiva. Todavía tenía la desilusión a flor de piel. Estaba cansada de llevarme sorpresas, de que nunca lo que brillara fuera oro.
No solo había perdido la amistad mas pura y sincera que tenía, sino las ilusiones que me había hecho con Orlando, se las había llevado la primer brisa que pasó. ¿Y ahora? ¿A qué debía aferrarme? ¿Acaso debía empezar de cero? ¿Cuánto tiempo me llevería recuperarme como mujer, como amiga?
Pero cuando pensaba que ya nada me quedaba, él se encargó de recordarme que siempre iba a estar ahí. Involuntariamente, siempre me salvaba. Porque aunque nunca se lo propusiera, tenía ese don de llegar justo en los momentos mas críticos.
Fue así que cuando más lo necesitaba,
...Facundo me demostró, una vez mas, que al final del camino siempre hay luz.
Hacía un tiempo que me estaba cansando de las idas y venidas de Facundo. Enzo no hacía mas que confundirme. Y el resto de los hombres eran tan pasajeros que ni valía la pena tenerlos en cuenta.
Simplemente me sentía sola, poco deseada. Empezaban a surgir todos los complejos femeninos existentes, y sobre todo, me empezaba a carcomer la voz interior que me jugaba una mala pasada. ¿Algún día encontraría el momento y la persona para perder mi virginidad?. Siempre estuve convencida de que sí, que no debía forzar la situación. Sin embargo, por momentos tenía miedos. Y era en esos momentos, en los que estaba a punto de flaquear y caer en la tentación.
Sobre todo con personas como Orlando. Él sabía persuadir como nadie. Él tenía las armas. Él era un seductor nato. Y lo sabía.
Entonces, hablando con Marianela al día siguiente de mi última odisea, le confesé que estaba insegura de lo que había hecho. ¿Y si hubiera aprovechado la oportunidad? ¿Y si era esa una buena manera de sacarme el peso de encima, logrando exorcizarme de Facundo?.
Pero había algo que yo no sabía. Un motivo que de una extraña manera, se había presentado en mi el día anterior en forma de miedo y me había ayudado a no caer. Un motivo desconocido hasta que mi mejor amiga se dignó a hablar.
- No sé como decírtelo, Diosa.
- Me das miedo. Hablá ya, Mari.
- Prometeme que no te vas a enojar.
- ¿Podés hablar de una vez?
- Bueno, ¿viste el sábado pasado que vos no saliste para estudiar para Campo y yo fui a Crow's?
- Si.
- Bueno, ese día también fue Orlando.
- Si, me dijiste...¿Y?
- Nada...estuvimos hablando. Y Diosa te juro que no me pude contener!
- ¿De qué hablás Marianela?
- Me besó.
- ¡¿Qué?!
- Si, eso. Yo no quería decirtelo porque...
- No pará, pará, pará. ¿¿Estuviste con Orlando y no me contaste??
- Es que no sabía como decírtelo porque sabía que te ibas a enojar y...
- Y nada! ¡Me lo ocultaste! No te das una idea lo mal que me hace esto, Marianela.
Corté el teléfono y ni siquiera quise hablar con Yanina cuando me llamó. Ella tampoco sabía nada y estaba tan sorprendida como yo.
¿Era acaso posible sentir una desilusión tan grande en el pecho como la sentía en ese momento? Tenía ganas de llorar, de gritar, de romper algo. Pero solo puse música triste bien alta y me fui a dormir temprano.
Al día siguiente, se abría la inscripción para el segundo cuatrimestre en la facultad y nos levantamos temprano para evitar las colas que suelen hacerse. Me encontré con Marianela en el colectivo y estuvimos la mitad del viaje completamente en silencio.
- ¿No me pensás decir nada? - me dijo por fin.
- ¿Qué querés que te diga? - contesté sin cambiar mi expresión. No podía mirarla, no podía hablarle, tenía mucha impotencia.
- No sé, aunque sea gritame, pero decime algo.
- Estoy muy dolida, no te das una idea como me duele todo esto. ¿A vos te parece ocultarme algo así?
- Es que si te lo contaba te ibas a enojar. - se excusó.
- ¿Y acaso enterándome una semana después no me iba a enojar peor? ¿No se te ocurrió eso?
- Pasa que en el momento no supe como decírtelo, no me animé. Y después fue peor.
- Eso es porque sabías que estaba mal lo que hiciste, sino no hubieras tenido problema en venir a decírmelo.
- Yo no pienso que está mal lo que hice.
- ¿Me estás cargando? - le dije no pudiendo creer lo que oía. - ¡Con mas razón! Si para vos estaba genial, me lo hubieras dicho!
- No podía!! No me niegues que te ibas a enojar como cuando te enojaste por lo de Gabriel!
- No me enojé por Gabriel, no me enojo por Orlando...me enojo con vos! Por las cosas que hacés...porque me ocultaste algo que merecía saber.
- Lo que pasa es que vos te creés que todos los hombres que te gustan son tuyos y nadie los puede tocar.
Tragué saliva y me mordí los labios para no decir palabras que no debía. Lo que acababa de escuchar era demasiado para mi. ¿Estaba hablando con una desconocida? No, era mi mejor amiga.
- Mirá Marianela, si yo me creo dueña de los hombres, en todo caso es problema mio. Si yo me enojo por eso, la boluda seré yo. Pero acá hay otra cosa en juego. Vos me ocultaste una verdad que como amiga, tenías el deber de decirme. ¿Acaso no te das cuenta lo difícil que se me hace poder abrirme a una persona? Me escuchaste angustiarme miles de veces por eso, lo sabés perfectamente. Y también sabías que estaba dispuesta a hacerlo con Orlando. De hecho, sin saber lo que había pasado entre ustedes, estuve a punto de tener relaciones con él. De tener mi primera vez con un pibe que le da igual si soy yo, vos, Yani o la vecina de la esquina. Y vos lo sabías y no fuiste capaz de alertarme. Disculpame si te ofende lo que te digo, pero eso no se hace.
- No sabía que ibas a llegar tan lejos.
- Cuando el sábado te dije que me iba con él que pensabas? ¿Qué íbamos a mirar la tele?
- Ya te dije, tampoco es que me besé a Facundo! Es Orlando. Las tres estábamos muertas con él cuando lo conocimos.
- Por empezar que yo lo conocí mucho antes que ustedes, pero eso no importa. Desde el día que él vino a mi casa y pasó lo que pasó, supuse que ustedes se abrían como pasa siempre. Pero fuera de todo eso, que son boludeces, vos en vez de abrirme los ojos me alentabas para que lo busque! Cuando me dijo que se peleó con la novia me viniste a decir que aprovechara!!! ¿¿Qué aprovechara qué?? ¿Por qué no me avisaste que a él le daba igual?
- Por que sabía que te ibas a poner así, que te ibas a enojar. Porque ya te dije, los que te gustan a vos son intocables...
- Está bien, tratame de egoísta, ya está. No me quiero pelear con vos, pero quiero que sepas que me duele mucho todo esto.
Llegamos a la facultad y bajamos del colectivo. Nos anotamos en silencio, y gracias a Dios llegó Yanina para cortar el aire espeso del ambiente.
Para completar el cartón del bingo, a la nochecita me habló Orlando por msn.
Orlando dice:
Hola Diosa, cómo va?
LaDiosa dice:
Hola, todo bien
Orlando dice:
te quería pedir disculpas por lo de Mari, si te enojó
LaDiosa dice:
nah, vos no me tenés que pedir disculpas de nada. Cada uno hace lo que quiere, no?
Orlando dice:
si, que se yo. Te decía nomás porque no quería que haya caras de orto en la facu, un bajón
LaDiosa dice:
sería muy pelotuda si hago una cosa así. Después de todo nadie tiene que darle explicaciones a nadie. Pero me hubiera gustado saberlo, no te lo voy a negar.
Orlando dice:
obvio. Pero yo no era el indicado para decírtelo
LaDiosa dice:
seguro, por eso no tengo motivos para enojarme con vos...creo.
Pero quizás si tenía un motivo para enojarme. ¿O para agradecerle?. Me había ayudado a descubrir quién era realmente Marianela. Yo confiaba ciegamente en ella, era capaz de poner las manos en el fuego por su amistad y su confianza. Y me había traicionado. La mentira y la traición ahora rondaban el ambiente. ¿Cómo volver a confiar en ella?. ¿Cómo volver a mirarla a los ojos?. Pasó una semana, y yo no podía hablarle normalmente. Por su parte, era como si nada hubiera pasado y a mi se me clavaban puñales en el pecho cada vez que recordaba lo que había pasado.
- Yo no puedo tomar partido por algo que no me afecta. - me dijo Yanina. - Pero fue muy boluda con lo que hizo. Se equivocó feo. Pero no creo que lo haya hecho de mala, sabés que Mari es así de boluda a veces.
Y todas esas veces la entendía. Pero no está vez, no con nuestra amistad. Quebró una regla sagrada, y yo sabía que iba a ser casi imposible de repararlo.
Pasaron los días y decidimos salir de nuevo las tres, "borrón y cuanta nueva" me dijo Yani. Yo no paraba de estar a la defensiva. Todavía tenía la desilusión a flor de piel. Estaba cansada de llevarme sorpresas, de que nunca lo que brillara fuera oro.
No solo había perdido la amistad mas pura y sincera que tenía, sino las ilusiones que me había hecho con Orlando, se las había llevado la primer brisa que pasó. ¿Y ahora? ¿A qué debía aferrarme? ¿Acaso debía empezar de cero? ¿Cuánto tiempo me llevería recuperarme como mujer, como amiga?
Pero cuando pensaba que ya nada me quedaba, él se encargó de recordarme que siempre iba a estar ahí. Involuntariamente, siempre me salvaba. Porque aunque nunca se lo propusiera, tenía ese don de llegar justo en los momentos mas críticos.
Fue así que cuando más lo necesitaba,
...Facundo me demostró, una vez mas, que al final del camino siempre hay luz.
lunes, 27 de septiembre de 2010
Everybody hurts
Orlando dice:
Me comentaron que andás con Martincito...
LaDiosa dice:
No estoy con nadie! De dónde sacaste eso?
Orlando dice:
Rumores de pasillo de facultad, yo que sé!
LaDiosa dice:
bah, cualquiera los rumores esos tons! mirá si voy a andar con ese jaja
Orlando dice:
pobre pibe! ¿Qué tiene de malo?
LaDiosa dice:
no, nada de malo...nada más me lleva 15 años y vive con la novia...
Conste que me esforcé para ocultar lo que había pasado con Martín, pero parecía que en la facultad no quedaba absolutamente nada sin saberse.
Durante el tiempo que duró la abstinencia aviar, me la pasé estudiando para los finales. Por suerte rendí todas bien y ya tenía 5 materias menos para conseguir mis títulos. Una de esas materias, la de la tésis, era casi imposible rendirla bien. Pero sin embargo, me embarqué en el desafío, y de arriesgada nomás la dí con un brillante 8. En cambio las chicas, decidieron no presentarse. Yanina arrugó un día antes, y Marianela, directamente ni se había preparado y había optado por salir con unas amigas el fin de semana de joda.
A la semana siguiente, antes de empezar el segundo cuatrimestre y luego de pasar los exámenes, salimos para festejar. Fuimos a Crow's con Marianela, Mónica (una compañera de la facu que se incorporaba de a poco a nuestro grupo) y una amiga de ella.
- Hola Diosa! - me dijo de pronto una voz. Mauro, el desprolijo. Ahora con pelo cortito, pero con la misma musculosa blanca de siempre. - ¿Tomamos algo?
Nos apoyamos contra la barra, y nos pedimos una ronda de tekilas. Pensé que iba a terminar la noche con él, pero mi pensamiento se esfumó en el preciso instante que vi a otra persona entrar por la puerta: Orlando. Para mi sorpresa, tenía una bota ortopédica.
- ¿Estás bien Orla? - le pregunté.
- Si, con bota y soltero. - me contestó riéndose.
- ¿Qué te pasó? - dije tratando de disimular la sorpresa. - ¿Vino en combo?
- La bota es porque me lesioné jugando al futbol. Y la soltería porque nos tomamos un "tiempo".
- Sos re vivo! Te peleás cuando necesitás alguien que te cuide!!
- Jaja, ya fué, era lo que había!
Orlando se quedó con su grupo de amigos justito al lado de nosotras. Cada tanto nos convidaba con algo que compraban para tomar, o se acercaba a hablarnos. Muy en el fondo de mi, intuía que algo estaba mal. Mi sexto sentido olía que había algo que yo no sabía. Sin embargo preferí ignorarlo y seguir como si no pasara nada anormal.
- ¿Tu nombre? - me dijo uno de los amigos de Orlando en un momento. Era petiso, morocho, cara redonda y sonrisa muy simpática.
- Diosa. ¿Vos?
- Sergio. ¿Querés? - dijo ofreciéndome de su vaso. Tomé un poco y nos pusimos a charlar.
- Decime una cosa Diosi. - interrumpió al rato. - ¿Puedo darte un beso?
No pude evitar reirme. Me puse colorada. ¿Cómo le decía que no?
- No creo que puedas...
- ¿Y por qué no?
- ehmm....preguntale a Orlando... - me salió decirle.
Sergió le golpeó el hombro y le dijo: - ¿Puedo darle un beso a la Diosa?.
Orlando me miró y se sonrío.
- No!
- ¿Por qué?
- Porque está conmigo!
Y aunque era de noche, para mi salió el sol. Sergio quiso desaparecer en ese instante. Me dijo que lo perdonara, que si sabía que era así, nunca se me hubiera insinuado. Yo solo me reí y quedó todo mas que bien. Sin embargo, después de semejante declaración, entre Orlando y yo había quedado algo pendiente.
- Hagamos un juego. - me dijo más tarde. - Yo digo "un barquito lleno de..." algo, y empezamos a tirar cosas, el primero que tarda mas de 5 segundos en responder tiene que tomar un trago de ésto, dale?
- mmm, bueno, a ver...
- "Un barquito lleno de..." ¡tragos! Ya que estamos...Empiezo yo, cuba libre.
- Destornillador
- Gancia Batido
Y así estuvimos un rato. Obviamente casi todos los juegos los perdí yo. Pero luego de dos o tres rondas, ya no había más gracia. Orlando no era para nada desmotrativo, y mucho menos en público, pero de a poquito se fue acercando a mi.
- Diosa, quiero que te vengas conmigo. - me dijo. Y sin dejarme responder me besó. - ¿Vamos?
- ¿A dónde Orla?
- A mi auto, así estamos más cómodos.
- Mejor no, ya te leo las intenciones entre líneas y sabés que no quiero.
- Dale, te juro que no pasa nada. - mintió. Yo sabía que no tenía que aceptar si no quería correr riesgos. Sin embargo ya me había resistido muchas veces con Orlando, y no estaba segura de poder seguir manteniendo mi postura. Él era muy persuasivo, muy insistente, y yo muy frágil. Él me gustaba y por momentos el diablito le ganaba al angelito convenciéndolo de que si tenía ganas de estar con semejante bombón, no debía reprimirme. Pero cuando la razón ganaba la batalla, era irrefutable saber que debía decirle que no.
- No te creo. - le dije.
- En serio Diosa, te prometo que no voy a hacer nada. Solamente vayamos al auto, desayunamos si querés, y después te llevo a tu casa. Dale!! - me agarró de la mano y empezó a caminar hacia al puerta.
- No, esperá! No me puedo ir sin decirle a las chicas! - Marianela estaba a un costado riéndose con un chico que yo no conocía. - Mari, Orla quiere que me vaya con él...¡¿Qué hago?! - Ella abrió los ojos pero no se inmutó.
- No sé, fijate lo que tengas ganas de hacer. - me respondió.
- Yo tengo ganas, pero sabés que él no se va a conformar con un beso, y yo no quiero hacer mas nada.
- Y....aclaraseló eso. - pero Marianela no me prestó mas atención y yo no quise interrumpirle el chamuyo. Me alejé y volví con Orlando.
- ¿Vamos? - me preguntó y sin esperar respuesta alguna, me sacó de ahí. Salimos de Crow's y fuimos hasta la esquina donde tenía estacionado el 206. Le mandé un mensaje a Marianela avisándole que me había ido, mientras él arrancaba el auto. Hizo un par de cuadras y volvió a estacionar.
- ¿Te animás a ir a un lugar conmigo? - me dijo mostrando como siempre la sonrisa marca Colgate.
- ¿A dónde? Orla te dije claramente que no quería...
- No, esperá. - me interrumpió. - No te confundas. A una cuadra de mi casa está la casa de mis abuelos. Está en venta y no vive nadie. Podemos ir para estar mas cómodos.
- Mi postura no cambió desde el día que viniste a mi casa. Sigo sosteniendo que no quiero que pase nada mas que esto, te acordás, no?
- Si, no te digo que vamos a coger ni nada. Solamente para estar mas cómodos.
Estaba pensando la respuesta cuando sonó el celular.
- Es Marianela. - dije.
- No atiendas!
- ¿Por?
- No sé, que no interrumpa justo ahora!
- Tengo que responder, capaz pasó algo, es mi amiga. - apreté el botón y hablé. - ¿Hola?
- ¿Dónde estás? - me gritó del otro lado del teléfono.
- Con Orlando, te mandé un mensaje. Ya salimos. ¿Qué pasó?
- Nada...¿a dónde van?
- No sé, estamos viendo....¿por?
- Diosa, ¿vas a estar con él? ¿estás segura?
- En realidad no, pero bueno... - quise disimular. ¿Cómo le respondía sin que él entienda? - Es lo que te dije antes, ¿viste?
- Bueno, está bien. Chau! - y sin dejarme ni siquiera responder, me cortó. Me llamó mucho la atención esa llamada. La noté rara, pero supuse que estaba preocupada por mi y por lo que fuera a hacer. A pesar de que cuando le había ido a contar adentro del bar, no me había dado mucha importancia.
- ¿Listo? - me preguntó Orlando. - Ahora entonces vamos a donde yo quiero.
Arrancó el auto y fuimos a su casa. Me hizo esperar mientras entró a buscar la llave para ir luego a la casa abandonada de sus abuelos. Era inmensa, de dos pisos. Estaba sucia por lo deshabitada, oscura y muy fría.
- ¡Qué grande! - dije mientras miraba para todos lados. Orlando me agarró y sin dejarme mirar más, empezó a besarme. Me llevó hasta un banco (el único mueble que quedaba dentro de la casa) y me hizo sentarme arriba de él. La temperatura subía.
- Vamos a la habitación. - me dijo y tomandome de la mano, subimos las escaleras. Agarró una manta y unas almohaditas que tenía y las puso en el piso. Se acostó en ella y me llamó. - Vení, dale!
Fue entonces cuando lo miré. Me gustaba, mucho. Era perfecto fisicamente, era buen pibe, era ideal. ¿Cuál era el pero entonces?. Definitivamente no estaba cómoda. No era esta la manera que yo quería. No esperé tantos años, no me contuve tantas veces para terminar haciéndolo así. A él le daba lo mismo que me pasaba a mi, y eso no me gustaba.
- Orlando te lo dije mil veces, por favor no me hagas sentir mal. Yo no quería venir porque sabía que iba a pasar esto y te lo dije en todos los idiomas. Perdoname pero no estoy preparada para esta situación.
- ¿Por qué no? ¿Qué tiene? ¿No te gusto?
- ¡No es eso! Es difícil para mi...ojalá pudiera explicartelo, pero sé que nunca me entenderías.
- Diosa, no me importa. Contame, no puede ser tan complicado, tengo que entenderlo.
- Te aseguro que no.
- A ver, si vos me gustás y yo te gusto...¿dónde está el problema?
- En que para mi eso no es suficiente...¿cómo te lo digo? - titubié. - Yo...nunca estuve...con nadie. ¿Entendés?
- ¿De verdad? - se sorprendió. Ésto era figurita repetida para mi. ¿Por qué nadie me creía?
- Si.
- Está bien, no te preocupes, la verdad es que me sorprende demasiado. De hecho me cuesta creerlo. Pero bueno, vamos a pasarla bien igual, ¿dale?
Me agarró y ahí nomás me tiró contra el piso. Confieso que igual intentó hacerlo, pero en cuanto le dije que no, desistió. Hicimos otras cosas, la pasé bien. Pero esa vez como todas las anteriores, no podía estar tranquila. Mi cabeza no paraba de maquinar barajando todas las posibles opiniones que podía tener ahora Orlando sobre mi.
Me llevó a mi casa y al día siguiente no hubo ni llamados ni mensajes de texto. Nada. El vacío de siempre.
Llamé por teléfono a Marianela para contarle lo que había pasado.
- Te juro que casi accedo Mari, estuve a punto! Pero no sé, no me animé. ¿Por qué soy tan boluda?
- Diosa. - me dijo después de romper su silencio de varios minutos mientras me escuchaba. - Te tengo que decir algo, pero no se como te lo vas a tomar...
...y en ese momento el mundo se me derrumbó en mil pedazos.
Me comentaron que andás con Martincito...
LaDiosa dice:
No estoy con nadie! De dónde sacaste eso?
Orlando dice:
Rumores de pasillo de facultad, yo que sé!
LaDiosa dice:
bah, cualquiera los rumores esos tons! mirá si voy a andar con ese jaja
Orlando dice:
pobre pibe! ¿Qué tiene de malo?
LaDiosa dice:
no, nada de malo...nada más me lleva 15 años y vive con la novia...
Conste que me esforcé para ocultar lo que había pasado con Martín, pero parecía que en la facultad no quedaba absolutamente nada sin saberse.
Durante el tiempo que duró la abstinencia aviar, me la pasé estudiando para los finales. Por suerte rendí todas bien y ya tenía 5 materias menos para conseguir mis títulos. Una de esas materias, la de la tésis, era casi imposible rendirla bien. Pero sin embargo, me embarqué en el desafío, y de arriesgada nomás la dí con un brillante 8. En cambio las chicas, decidieron no presentarse. Yanina arrugó un día antes, y Marianela, directamente ni se había preparado y había optado por salir con unas amigas el fin de semana de joda.
A la semana siguiente, antes de empezar el segundo cuatrimestre y luego de pasar los exámenes, salimos para festejar. Fuimos a Crow's con Marianela, Mónica (una compañera de la facu que se incorporaba de a poco a nuestro grupo) y una amiga de ella.
- Hola Diosa! - me dijo de pronto una voz. Mauro, el desprolijo. Ahora con pelo cortito, pero con la misma musculosa blanca de siempre. - ¿Tomamos algo?
Nos apoyamos contra la barra, y nos pedimos una ronda de tekilas. Pensé que iba a terminar la noche con él, pero mi pensamiento se esfumó en el preciso instante que vi a otra persona entrar por la puerta: Orlando. Para mi sorpresa, tenía una bota ortopédica.
- ¿Estás bien Orla? - le pregunté.
- Si, con bota y soltero. - me contestó riéndose.
- ¿Qué te pasó? - dije tratando de disimular la sorpresa. - ¿Vino en combo?
- La bota es porque me lesioné jugando al futbol. Y la soltería porque nos tomamos un "tiempo".
- Sos re vivo! Te peleás cuando necesitás alguien que te cuide!!
- Jaja, ya fué, era lo que había!
Orlando se quedó con su grupo de amigos justito al lado de nosotras. Cada tanto nos convidaba con algo que compraban para tomar, o se acercaba a hablarnos. Muy en el fondo de mi, intuía que algo estaba mal. Mi sexto sentido olía que había algo que yo no sabía. Sin embargo preferí ignorarlo y seguir como si no pasara nada anormal.
- ¿Tu nombre? - me dijo uno de los amigos de Orlando en un momento. Era petiso, morocho, cara redonda y sonrisa muy simpática.
- Diosa. ¿Vos?
- Sergio. ¿Querés? - dijo ofreciéndome de su vaso. Tomé un poco y nos pusimos a charlar.
- Decime una cosa Diosi. - interrumpió al rato. - ¿Puedo darte un beso?
No pude evitar reirme. Me puse colorada. ¿Cómo le decía que no?
- No creo que puedas...
- ¿Y por qué no?
- ehmm....preguntale a Orlando... - me salió decirle.
Sergió le golpeó el hombro y le dijo: - ¿Puedo darle un beso a la Diosa?.
Orlando me miró y se sonrío.
- No!
- ¿Por qué?
- Porque está conmigo!
Y aunque era de noche, para mi salió el sol. Sergio quiso desaparecer en ese instante. Me dijo que lo perdonara, que si sabía que era así, nunca se me hubiera insinuado. Yo solo me reí y quedó todo mas que bien. Sin embargo, después de semejante declaración, entre Orlando y yo había quedado algo pendiente.
- Hagamos un juego. - me dijo más tarde. - Yo digo "un barquito lleno de..." algo, y empezamos a tirar cosas, el primero que tarda mas de 5 segundos en responder tiene que tomar un trago de ésto, dale?
- mmm, bueno, a ver...
- "Un barquito lleno de..." ¡tragos! Ya que estamos...Empiezo yo, cuba libre.
- Destornillador
- Gancia Batido
Y así estuvimos un rato. Obviamente casi todos los juegos los perdí yo. Pero luego de dos o tres rondas, ya no había más gracia. Orlando no era para nada desmotrativo, y mucho menos en público, pero de a poquito se fue acercando a mi.
- Diosa, quiero que te vengas conmigo. - me dijo. Y sin dejarme responder me besó. - ¿Vamos?
- ¿A dónde Orla?
- A mi auto, así estamos más cómodos.
- Mejor no, ya te leo las intenciones entre líneas y sabés que no quiero.
- Dale, te juro que no pasa nada. - mintió. Yo sabía que no tenía que aceptar si no quería correr riesgos. Sin embargo ya me había resistido muchas veces con Orlando, y no estaba segura de poder seguir manteniendo mi postura. Él era muy persuasivo, muy insistente, y yo muy frágil. Él me gustaba y por momentos el diablito le ganaba al angelito convenciéndolo de que si tenía ganas de estar con semejante bombón, no debía reprimirme. Pero cuando la razón ganaba la batalla, era irrefutable saber que debía decirle que no.
- No te creo. - le dije.
- En serio Diosa, te prometo que no voy a hacer nada. Solamente vayamos al auto, desayunamos si querés, y después te llevo a tu casa. Dale!! - me agarró de la mano y empezó a caminar hacia al puerta.
- No, esperá! No me puedo ir sin decirle a las chicas! - Marianela estaba a un costado riéndose con un chico que yo no conocía. - Mari, Orla quiere que me vaya con él...¡¿Qué hago?! - Ella abrió los ojos pero no se inmutó.
- No sé, fijate lo que tengas ganas de hacer. - me respondió.
- Yo tengo ganas, pero sabés que él no se va a conformar con un beso, y yo no quiero hacer mas nada.
- Y....aclaraseló eso. - pero Marianela no me prestó mas atención y yo no quise interrumpirle el chamuyo. Me alejé y volví con Orlando.
- ¿Vamos? - me preguntó y sin esperar respuesta alguna, me sacó de ahí. Salimos de Crow's y fuimos hasta la esquina donde tenía estacionado el 206. Le mandé un mensaje a Marianela avisándole que me había ido, mientras él arrancaba el auto. Hizo un par de cuadras y volvió a estacionar.
- ¿Te animás a ir a un lugar conmigo? - me dijo mostrando como siempre la sonrisa marca Colgate.
- ¿A dónde? Orla te dije claramente que no quería...
- No, esperá. - me interrumpió. - No te confundas. A una cuadra de mi casa está la casa de mis abuelos. Está en venta y no vive nadie. Podemos ir para estar mas cómodos.
- Mi postura no cambió desde el día que viniste a mi casa. Sigo sosteniendo que no quiero que pase nada mas que esto, te acordás, no?
- Si, no te digo que vamos a coger ni nada. Solamente para estar mas cómodos.
Estaba pensando la respuesta cuando sonó el celular.
- Es Marianela. - dije.
- No atiendas!
- ¿Por?
- No sé, que no interrumpa justo ahora!
- Tengo que responder, capaz pasó algo, es mi amiga. - apreté el botón y hablé. - ¿Hola?
- ¿Dónde estás? - me gritó del otro lado del teléfono.
- Con Orlando, te mandé un mensaje. Ya salimos. ¿Qué pasó?
- Nada...¿a dónde van?
- No sé, estamos viendo....¿por?
- Diosa, ¿vas a estar con él? ¿estás segura?
- En realidad no, pero bueno... - quise disimular. ¿Cómo le respondía sin que él entienda? - Es lo que te dije antes, ¿viste?
- Bueno, está bien. Chau! - y sin dejarme ni siquiera responder, me cortó. Me llamó mucho la atención esa llamada. La noté rara, pero supuse que estaba preocupada por mi y por lo que fuera a hacer. A pesar de que cuando le había ido a contar adentro del bar, no me había dado mucha importancia.
- ¿Listo? - me preguntó Orlando. - Ahora entonces vamos a donde yo quiero.
Arrancó el auto y fuimos a su casa. Me hizo esperar mientras entró a buscar la llave para ir luego a la casa abandonada de sus abuelos. Era inmensa, de dos pisos. Estaba sucia por lo deshabitada, oscura y muy fría.
- ¡Qué grande! - dije mientras miraba para todos lados. Orlando me agarró y sin dejarme mirar más, empezó a besarme. Me llevó hasta un banco (el único mueble que quedaba dentro de la casa) y me hizo sentarme arriba de él. La temperatura subía.
- Vamos a la habitación. - me dijo y tomandome de la mano, subimos las escaleras. Agarró una manta y unas almohaditas que tenía y las puso en el piso. Se acostó en ella y me llamó. - Vení, dale!
Fue entonces cuando lo miré. Me gustaba, mucho. Era perfecto fisicamente, era buen pibe, era ideal. ¿Cuál era el pero entonces?. Definitivamente no estaba cómoda. No era esta la manera que yo quería. No esperé tantos años, no me contuve tantas veces para terminar haciéndolo así. A él le daba lo mismo que me pasaba a mi, y eso no me gustaba.
- Orlando te lo dije mil veces, por favor no me hagas sentir mal. Yo no quería venir porque sabía que iba a pasar esto y te lo dije en todos los idiomas. Perdoname pero no estoy preparada para esta situación.
- ¿Por qué no? ¿Qué tiene? ¿No te gusto?
- ¡No es eso! Es difícil para mi...ojalá pudiera explicartelo, pero sé que nunca me entenderías.
- Diosa, no me importa. Contame, no puede ser tan complicado, tengo que entenderlo.
- Te aseguro que no.
- A ver, si vos me gustás y yo te gusto...¿dónde está el problema?
- En que para mi eso no es suficiente...¿cómo te lo digo? - titubié. - Yo...nunca estuve...con nadie. ¿Entendés?
- ¿De verdad? - se sorprendió. Ésto era figurita repetida para mi. ¿Por qué nadie me creía?
- Si.
- Está bien, no te preocupes, la verdad es que me sorprende demasiado. De hecho me cuesta creerlo. Pero bueno, vamos a pasarla bien igual, ¿dale?
Me agarró y ahí nomás me tiró contra el piso. Confieso que igual intentó hacerlo, pero en cuanto le dije que no, desistió. Hicimos otras cosas, la pasé bien. Pero esa vez como todas las anteriores, no podía estar tranquila. Mi cabeza no paraba de maquinar barajando todas las posibles opiniones que podía tener ahora Orlando sobre mi.
Me llevó a mi casa y al día siguiente no hubo ni llamados ni mensajes de texto. Nada. El vacío de siempre.
Llamé por teléfono a Marianela para contarle lo que había pasado.
- Te juro que casi accedo Mari, estuve a punto! Pero no sé, no me animé. ¿Por qué soy tan boluda?
- Diosa. - me dijo después de romper su silencio de varios minutos mientras me escuchaba. - Te tengo que decir algo, pero no se como te lo vas a tomar...
...y en ese momento el mundo se me derrumbó en mil pedazos.
lunes, 20 de septiembre de 2010
de Besos y Decepciones
Martín me desnudó con la boca, me hizo saber que los 14 años que me llevaba no eran en vano. Me hizo sentir deseo de que eso no terminara ahí, de que todo se me fuera de las manos en ese instante y no pueda controlar lo que mi cabeza me decía.
- Ah bueno pendeja me mataste! - interrumpió. - ¡Qué lindo que besas!
Lo miré y sin responder volví a besarlo. Lo hice a propósito, quería generarle adicción.
- Te juro que no se si voy a poder aguantarme de que sea solo esto. - me dijo, y por primera vez sentí temor. Yo me estaba haciendo la superada que podía manejar la situación, y la realidad era que si me dejaba apurar un poco, en seguida iba a irme al mazo. Por eso no debía dejarlo reaccionar.
- Entonces no Martín! - le dije interrumpiendo sus besos.
- ¿Por?
- Porque no. Vivimos dos vidas completamente diferentes. Aunque nos llevemos genial, vos tenés tu novia y yo quiero disfrutar de mi libertad. Vos tenes 15 años mas que yo y buscás ciertas cosas que son distintas a las que busco yo con mis 20 años. Entendés lo que te digo? Por eso tampoco quería llegar a esto, no me gusta quedar como una histérica.
- No te preocupes Diosa, no lo sos. Fui yo el que insistí. No vamos a hacer nada que vos no quieras. - Y sonríendome después de la frase mas trillada que pudo haber dicho, volvió a traerme hacia él para besarme. No pude resistirme y me dejé llevar de nuevo. Pero al rato un ruido nos interrumpió. Por suerte era una falsa alarma. - No podés matarme tanto con esos besos. - volvió a decirme. - De verdad me cuesta resistirme.
Fue entonces cuando reaccioné.
- Entonces terminemos acá.
Me alejé y empecé a caminar despacio hacia la facultad. Martín me siguió unos pasos detrás.
- Diosa, no hace falta que contemos nada de todo esto, no? - ¡Otra vez lo mismo! ¿Qué le pasaba a los hombres que no se hacen cargo de lo que hacen? Primero Orlando, ahora Martín...
- No te preocupes. De la misma manera que nadie sabe lo de Orla, tampoco van a saber esto. - hice una pausa y luego me reí. - ¡Jaja! Yo también me meto con cada uno! Todos ennoviados...
- Jaja, no dramaticemos. Hay que hacer lo que sale.
- Si, seguro....
Llegamos al quiosco y Martín entró a comprar la bendita plasticola. Preferimos volver por separado asique mientras fui hasta la facultad a juntarme con el resto.
- ¿Dónde estabas? - me preguntó Marianela apenas me vió. - Te estábamos esperando!!
- En el quiosco. - dije seca mientras abría los ojos grandes, señal de que dejara de interrogarme. Los demás no acotaron nada, pero yo estaba tan perseguida que sentía sus miradas acusadoras sobre mi nuca.
Al rato nos fuimos cada uno a su casa. En el camino les conté como pude a las chicas lo que había pasado y no podían creerlo.
- Sos una hija de puta, Diosa! Con todas las letras! - gritaba Yanina emocionada. - ¡¡Y vos decías que Martín era un amor imposible!!
- Estoy tan asombrada como vos Yani!
- Vos si que tenés suerte! - comentaba Mari.
- Igual, te digo - acotó Yanina. - Ojo! Porque este tipo no tiene 5 años. Hoy se conformó con un beso, pero no creo que la próxima pase lo mismo...
- Yani, dudo demasiado que haya "próxima".
- No seas ingenua! Si hay una, hay dos.
- Ojalá! Aunque ya saben, yo no podría estar con él. No es un tipo que fuera a bancarse ser el primero...
- Y no sé. Ultimamente nos llevamos cada sorpresa...no?
De todas maneras, no quería hacerme problema pensando en el futuro. Yo estaba feliz sabiendo que en menos de 10 días, había conseguido a los dos hombres que me parecían mas improbables en toda esta historia. Y aunque no volviera a pasar nada nunca más, ¿quién iba a quitarme lo bailado? Ese sabor de la victoria, de haber conseguido la figurita difícil del álbum.
Pero mi alegría poco iba a durar. Al día siguiente decretaron el cierre de la facultad a causa de todo el problema que causó a Gripe A. Si recuerdan en el invierno del año pasado, aconsejaban que te quedes empollando en tu casa hasta quedar gordo como un chancho y ya no distinguir quién estaba infectado y quién no. Entonces, para no ser menos, cerraron la facu y terminamos las cursadas a distancia. Mi desgracia sería, no volver a ver a Martín hasta el próximo cuatrimestre. No poder saber que impresión había tenido después del mítico beso.
Solo pude cruzarlo, cuando yo salía de un final y él entraba en otro. Me hizo un gesto preguntándome como me había ido y si ya me iba. Le respondí que bien, y que aprovechaba que Marcelo me llevaba a mi casa en auto. Me tiró un beso y una sonrisa que me hizo derretir.
- ¿Qué onda ahí? - me preguntó Marce en el viaje.
- ¿Ahí dónde?
- Dale tonta! Con Tincho!
- Nada! - pero mi sonrisa me delató.
- Jajaja, no te puedo creer!!
Pero de todas maneras negué todo lo que me preguntó y el dejó de insistir. Prometí no decir nada, y eso haría...aunque me moría de ganas de gritarlo. ¿Cuánto me duraría la buena conducta?
Mi vida siguió normal, encerrada en casa a causa de que todo estaba cerrado y la gente se perseguía por las calles cubriéndose con barbijos y cosas por el estilo. Crow's cerró un fin de semana para acatar las normas municipales, pero al siguiente volvió a abrir. De todas maneras, me quedé en casa porque tenía leves sintómas de resfrío y buen...yo también estaba paranoica. Quién si salió fue Marianela con unas amigas. Al otro día nos mensajeamos.
Mensaje de LaDiosa:
"¿Y? ¿Cómo estuvo Crow's? ¿Me extrañaron?"
Mensaje de Marianela:
"Mucho! Estaba lleno de gente! Muy bueno todo, muchos conocidos también"
Mensaje de LaDiosa:
"¿Algo interesante para contar? ¿O lo de siempre?"
Mensaje de Marianela:
"Normal. Ah, si. Estaba Gabriel, el amigo de Germán. ¡¡Adiviná que!!"
Si, confieso que intuí la respuesta, pero preferí leerlo con mis propios ojos.
Mensaje de LaDiosa:
"No sé...contame!"
Mensaje de Marianela:
"Estuvimos!! ¡¡Qué lindo que es!!"
En ese momento tuve ganas de meterme por el celular y estrolarla. ¡Mi mejor amiga había estado con el chico que sabía que me gustaba!.
Mensaje de LaDiosa:
"Si, hace mas de 5 años que sé que es lindo, Mari"
Mensaje de Marianela:
"Ay, no te va a molestar, no? Tampoco es que estuve con Facu..."
Mensaje de LaDiosa:
"No te preocupes que si pasaba eso ni te estaría contestando"
Ok, no estaba enamorada de Gabriel ni mucho menos. Pero hacía años que estaba esperando que se de esta oportunidad que se me daba ahora. Y por mas que el beso es de a dos y ella no lo violó contra una pared, para mi era lo mismo. Lo sentí como una traición.
Obviamente dejé pasarlo, mi amistad con Marianela pesaba mucho mas que cualquier flaco...
...sin embargo, esa sería la primer decepción de muchas otras.
- Ah bueno pendeja me mataste! - interrumpió. - ¡Qué lindo que besas!
Lo miré y sin responder volví a besarlo. Lo hice a propósito, quería generarle adicción.
- Te juro que no se si voy a poder aguantarme de que sea solo esto. - me dijo, y por primera vez sentí temor. Yo me estaba haciendo la superada que podía manejar la situación, y la realidad era que si me dejaba apurar un poco, en seguida iba a irme al mazo. Por eso no debía dejarlo reaccionar.
- Entonces no Martín! - le dije interrumpiendo sus besos.
- ¿Por?
- Porque no. Vivimos dos vidas completamente diferentes. Aunque nos llevemos genial, vos tenés tu novia y yo quiero disfrutar de mi libertad. Vos tenes 15 años mas que yo y buscás ciertas cosas que son distintas a las que busco yo con mis 20 años. Entendés lo que te digo? Por eso tampoco quería llegar a esto, no me gusta quedar como una histérica.
- No te preocupes Diosa, no lo sos. Fui yo el que insistí. No vamos a hacer nada que vos no quieras. - Y sonríendome después de la frase mas trillada que pudo haber dicho, volvió a traerme hacia él para besarme. No pude resistirme y me dejé llevar de nuevo. Pero al rato un ruido nos interrumpió. Por suerte era una falsa alarma. - No podés matarme tanto con esos besos. - volvió a decirme. - De verdad me cuesta resistirme.
Fue entonces cuando reaccioné.
- Entonces terminemos acá.
Me alejé y empecé a caminar despacio hacia la facultad. Martín me siguió unos pasos detrás.
- Diosa, no hace falta que contemos nada de todo esto, no? - ¡Otra vez lo mismo! ¿Qué le pasaba a los hombres que no se hacen cargo de lo que hacen? Primero Orlando, ahora Martín...
- No te preocupes. De la misma manera que nadie sabe lo de Orla, tampoco van a saber esto. - hice una pausa y luego me reí. - ¡Jaja! Yo también me meto con cada uno! Todos ennoviados...
- Jaja, no dramaticemos. Hay que hacer lo que sale.
- Si, seguro....
Llegamos al quiosco y Martín entró a comprar la bendita plasticola. Preferimos volver por separado asique mientras fui hasta la facultad a juntarme con el resto.
- ¿Dónde estabas? - me preguntó Marianela apenas me vió. - Te estábamos esperando!!
- En el quiosco. - dije seca mientras abría los ojos grandes, señal de que dejara de interrogarme. Los demás no acotaron nada, pero yo estaba tan perseguida que sentía sus miradas acusadoras sobre mi nuca.
Al rato nos fuimos cada uno a su casa. En el camino les conté como pude a las chicas lo que había pasado y no podían creerlo.
- Sos una hija de puta, Diosa! Con todas las letras! - gritaba Yanina emocionada. - ¡¡Y vos decías que Martín era un amor imposible!!
- Estoy tan asombrada como vos Yani!
- Vos si que tenés suerte! - comentaba Mari.
- Igual, te digo - acotó Yanina. - Ojo! Porque este tipo no tiene 5 años. Hoy se conformó con un beso, pero no creo que la próxima pase lo mismo...
- Yani, dudo demasiado que haya "próxima".
- No seas ingenua! Si hay una, hay dos.
- Ojalá! Aunque ya saben, yo no podría estar con él. No es un tipo que fuera a bancarse ser el primero...
- Y no sé. Ultimamente nos llevamos cada sorpresa...no?
De todas maneras, no quería hacerme problema pensando en el futuro. Yo estaba feliz sabiendo que en menos de 10 días, había conseguido a los dos hombres que me parecían mas improbables en toda esta historia. Y aunque no volviera a pasar nada nunca más, ¿quién iba a quitarme lo bailado? Ese sabor de la victoria, de haber conseguido la figurita difícil del álbum.
Pero mi alegría poco iba a durar. Al día siguiente decretaron el cierre de la facultad a causa de todo el problema que causó a Gripe A. Si recuerdan en el invierno del año pasado, aconsejaban que te quedes empollando en tu casa hasta quedar gordo como un chancho y ya no distinguir quién estaba infectado y quién no. Entonces, para no ser menos, cerraron la facu y terminamos las cursadas a distancia. Mi desgracia sería, no volver a ver a Martín hasta el próximo cuatrimestre. No poder saber que impresión había tenido después del mítico beso.
Solo pude cruzarlo, cuando yo salía de un final y él entraba en otro. Me hizo un gesto preguntándome como me había ido y si ya me iba. Le respondí que bien, y que aprovechaba que Marcelo me llevaba a mi casa en auto. Me tiró un beso y una sonrisa que me hizo derretir.
- ¿Qué onda ahí? - me preguntó Marce en el viaje.
- ¿Ahí dónde?
- Dale tonta! Con Tincho!
- Nada! - pero mi sonrisa me delató.
- Jajaja, no te puedo creer!!
Pero de todas maneras negué todo lo que me preguntó y el dejó de insistir. Prometí no decir nada, y eso haría...aunque me moría de ganas de gritarlo. ¿Cuánto me duraría la buena conducta?
Mi vida siguió normal, encerrada en casa a causa de que todo estaba cerrado y la gente se perseguía por las calles cubriéndose con barbijos y cosas por el estilo. Crow's cerró un fin de semana para acatar las normas municipales, pero al siguiente volvió a abrir. De todas maneras, me quedé en casa porque tenía leves sintómas de resfrío y buen...yo también estaba paranoica. Quién si salió fue Marianela con unas amigas. Al otro día nos mensajeamos.
Mensaje de LaDiosa:
"¿Y? ¿Cómo estuvo Crow's? ¿Me extrañaron?"
Mensaje de Marianela:
"Mucho! Estaba lleno de gente! Muy bueno todo, muchos conocidos también"
Mensaje de LaDiosa:
"¿Algo interesante para contar? ¿O lo de siempre?"
Mensaje de Marianela:
"Normal. Ah, si. Estaba Gabriel, el amigo de Germán. ¡¡Adiviná que!!"
Si, confieso que intuí la respuesta, pero preferí leerlo con mis propios ojos.
Mensaje de LaDiosa:
"No sé...contame!"
Mensaje de Marianela:
"Estuvimos!! ¡¡Qué lindo que es!!"
En ese momento tuve ganas de meterme por el celular y estrolarla. ¡Mi mejor amiga había estado con el chico que sabía que me gustaba!.
Mensaje de LaDiosa:
"Si, hace mas de 5 años que sé que es lindo, Mari"
Mensaje de Marianela:
"Ay, no te va a molestar, no? Tampoco es que estuve con Facu..."
Mensaje de LaDiosa:
"No te preocupes que si pasaba eso ni te estaría contestando"
Ok, no estaba enamorada de Gabriel ni mucho menos. Pero hacía años que estaba esperando que se de esta oportunidad que se me daba ahora. Y por mas que el beso es de a dos y ella no lo violó contra una pared, para mi era lo mismo. Lo sentí como una traición.
Obviamente dejé pasarlo, mi amistad con Marianela pesaba mucho mas que cualquier flaco...
...sin embargo, esa sería la primer decepción de muchas otras.
lunes, 13 de septiembre de 2010
Las cosas como son
- ¡¿Qué hago?!
Esa fue la pregunta que me hice durante todo el día pero que nunca tuvo respuesta.
- Quizás se olvide...pero si no lo hace, ¿qué le digo?
- No sé! Mirá lo que preguntás - me decía Marianela. - Dejame estudiar que estamos en el horno con Campo, y eso es mas importante.
Me hundí en el asiento del colectivo y guardé los apuntes en la cartera. Definitivamente era imposible repasar algo con mi grado de nerviosismo.
- No te preocupes, Diosa. Con lo del parcial no va a haber chance de que te diga nada... - me tranquilizó Yanina.
- Eso! Por eso, decime: ¿Qué es una métrica de calidad? - me miró fijo Mari. Obviamente no sabía la respuesta. No le contesté y agarré los apuntes de nuevo. El resto del viaje me mantuve callada.
Llegamos y nos sentamos entre medio de los chicos para intercambiar posibles preguntas y respuestas. Mi corazón se paralizó cuando vi llegar a Martín, pero para mi tranquilidad, se sentó como el resto y empezó a repasar.
- Chicos, nos mudamos a un aula del segundo piso así estamos más cómodos para el parcial. - anunció el profesor. Me paré y agarré mis cosas mientras me quejaba de que no sabía nada. Estaba por entrar al salón cuando Martín me miró fijo.
- A la salida tenemos que hablar. Ni te pienses de que me olvidé lo de ayer... - sentenció abriendo sus ojos celestes y entró con el resto. ¿Cómo iba a arreglarme para hacer un parcial después de semejate situación?
Nos acomodamos y el profesor repartió las hojas: 30 preguntas y un ejercicio práctico. Y yo ya había perdido toda mi capacidad de concentración.
Después de una hora de parcial, algunos chicos empezaron a entregar el examen, sin contar a todos aquellos que ni siquiera se habían sentado a hacerlo. Martín salió del aula luego de un rato y se quedó hablando en el pasillo con los demás. Por la ventana yo veía como gesticulaba y de reojo me controloba a mi.
Luego de contestar la última pregunta, miré hacia afuera y Martín me hizo un gesto que no entendí pero a mi me dio miedo y volví a mirar mi hoja. Entonces hice lo que nunca: revisé todo el examen. Y cuando terminé, volví a remarcar las respuestas. Busqué cualquier excusa para quedarme ahí sentada haciendo tiempo, hasta que el profesor pidió que entregáramos las hojas. Me paré y salí del aula. En seguida me acerqué apurada a las chicas y les pedí si me acompañaban al baño.
- ¿¡Qué hago?! - casi grité cerrando la puerta.
- ¿Otra vez con lo mismo? - se fastidió Marianela.
- Si, y ahora no tenés excusa de que tenés que estudiar nena! ¿Me pueden ayudar?
- Es que no sé que decirte Diosa. ¿Le vas a decir que te gusta?
- No sé!!!! Ay, juro que no sé que hacer!!! Tengo miedo!!! Lo miro y me encanta, me mueve hasta el último pelo del cuerpo!!! Pero al mismo tiempo sé que es alguien super imposible para mi....
Marianela abrió los ojos y se acercó a la puerta. La abrió un poco y se asomó. En seguida volvió a mirarme y la cerró.
- ¿¿Qué pasó?? - pregunté nerviosa.
- Martín! Estaba en el baño de al lado, recién salió. ¿Habrá escuchado?
Yo estaba peor que antes. Salimos al pasillo y nos juntamos con el resto. Martín hablaba con Tomás del examen y yo me acerqué a Emiliano para parecer natural.
- Diosa! - me dijo de repente. - ¿Me acompañás al quiosco?
Lo miré y dudé. Eramos 15 y me estaba diciendo especialmente a mi si lo acompañaba. Igual acepté, bien suicida.
- Tengo que comprar una plasticola y sino después me olvido. Aparte nosotros tenemos que hablar... - dijo mientras bajabamos las escaleras.
- Veo que no te olvidaste...
- Obvio que no, me quedó la duda desde ayer!
- Igual no voy a decirte nada...
- Otra vez con eso? Dale, habíamos quedado en que hoy si. - llegamos a la puerta del quiosco, pero jamás entramos y la plasticola jamás se compró. Nos quedamos ahí paraditos hablando.
- Bueno, yo había quedado en que la que te gusta está entre Mari, Yani, la mina de los lunes, la que no conozco y yo, no?
- Si, y yo había quedado que estaba entre Marce, Lucas, Tony, Horacio y yo. Empezá vos, asi no arrugás.
- mmmmm, a ver....esa que no conozco no es, no?
- No, no es. No es mi tipo. Ahora me toca a mi. Y con esta estoy seguro que gano. Pero no me vengas con que no me querés decir la verdad eh!
Apreté los dientes y le dije que iba a decirle la verdad. Me estaba embarcando en un viaje que no estaba segura de querer hacer.
- Estoy segurísimo que es Marce.
Ahí mismo empecé a reirme, un poco de nervios, otro poco de alivio.
- Jajaja, nada que ver! Marce es mi amigo
- ¿No? Pero es re fachero, tiene onda. No sé, como están siempre juntos pensé que era él.
- Si, estamos juntos porque nos llevamos bien, y es verdad que es lindo, no te voy a mentir, pero siempre lo vi como mi amigo, nada mas...
- Entonces me cagaste, ahora no sé quién es.
- Ahh, no sé! Ahora me toca a mi. A ver...Yo me la juego! ¿Está entre nosotras tres, no?
- Jaja, mirá como despachaste a la otra! Si, acertaste. Me estás cagando Diosa! - reimos. - Dejame pensar. Si no es Marce, tiene que ser Luquitas. Porque Tony no es tu perfil, no?
- mmmmm no! Tampoco es Lucas y mucho menos Tony!
- Boluda me mataste! No me digas que es Horacio! No, no puede ser...Yo estaba re seguro que era Marce y me re cagaste pero mal!
- No sé, ahora me toca a mi. Está entre nosotras tres dijiste...mmmm...no tengo idea, pero me la juego. ¿Yanina?
- No. Una copada la flaca, pero ni ahí.
- Ooops, ¿entonces es Marianela? - dije con cara de asombro, aunque en realidad temía la respuesta.
- No, tampoco.
- Pero es que no queda nadie mas...
Silencio incómodo. En realidad ambos ya sabíamos la respuesta.
- ¿Yo? - me atreví a decir casi por un impulso.
- Si bolas! ¿No te habías dado cuenta? - me sonrojé. - Yo no tengo problema de decírtelo. Me gustas vos. Pero igual esperá, porque ahora quiero saber yo. ¿Horacio? No creo que sea él, pero es el único que me queda.
- No, todo bien con el gordo, pero no me gusta.
- No queda nadie Diosa. Quedó yo también, pero ni en pedo soy...
- Si. - lo interrumpí. Cuando oí mis palabras me detuve, pero ya era tarde. - Sos vos.
- Naaah, en serio? No te puedo creer!
- Dale, ahora no me vengas a decir que no te habías dado cuenta. ¿Por qué iba a darte tanta vuelta sino?
- Mirá vos que loco! - decía mientras se rascaba la cabeza como pensando. En ese momento, entró al quiosco Orlando. Nos miró pero no pronunció palabra y desapareció detrás de la puerta. Era el condimento que necesitaba para ponerme mas nerviosa. Acababa de decirle a Martín que me gustaba y él a mi. ¿Y ahora de que me disfrazaba?
- Te voy a ser sincero. - me dijo.- Me pareces una mina genial, divertida, muy linda...me gustás. Pero vos sabés que yo tengo mi vida.
- Martín, - lo interrumpí mirándolo fijo. - No hace falta que me lo aclares. Yo te dije antes de que empezara toda la adivinanza de que ese "alguien" era algo más platónico que otra cosa. Yo sé perfectamente como es la situación y no es que pretenda nada, simplemente te conté algo que me pasaba...
- Está perfecto Diosa, por eso yo también te lo dije, porque es algo que me pasa y no me gusta guardarmelo, mas si nos llevamos bien y lo podemos hablar.
- Estoy de acuerdo con eso.
- Quiero que sepas que si yo no estuviera de novio, nosotros ahora no estaríamos hablando...yo ya te hubiera encarado hace rato y la parte de la charla la pasabamos por alto!
- Jajaja! Tonto! - comenté volviéndome a poner colorada. - En serio, quiero que sepas que tengo mas que claro eso.
- Ya lo sé....pero ahora decime, si yo no tuviera novia, ¿qué te gustaría que surja de todo esto?
- No sé Martín. - dudé.- Tu novia está, es difícil imaginar que no. Además de eso, tenemos otras barreras.
- Bueno, pero suponiendo, quiero que me lo digas.
- ¿Para qué? Si igual no se puede...
- Ok, y con esta realidad que tenemos...¿qué te gustaría?
Mi cabeza me decía en rojo, gigante y con luces intermitentes que esto era peligroso. Lo que hubiera dado por tener el control remoto de Adam Sandler y poner pausa para pensar las respuestas!!
- No entiendo Martín, ¿a qué te referís?
- Claro, que te gustaría. Capaz me decís "nada flaco, no te pienses cualqueira", capaz te gustaría un beso, capaz algo más...eso.
- No sé si serviría ese "algo mas"....creo que es al pedo enroscarnos, no te parece?
- Totalmente Diosa, pero quería saber que pensabas vos. La verdad es que yo con mi novia estoy muy bien y no me gustaría cagarla. No se lo merece.
- Creo que es lo mejor.
- Si, obvio.
De nuevo una pausa. Yo miraba los autos pasar mientras sentía su mirada encima mio.
- Diosa. - dijo por fin. - La verdad es que ahora que sé esto no me puedo quedar así.
- ¿Qué querés decir con eso?
- Qué me dan ganas de darte un beso, eso.
- Jajaja ¿¿acá??
- No, bueno, vamos acá a la vuelta. ¿Te parece?
Lo miré y no pude responder. Solamente asentí con la cabeza. Miramos en sentido a la facultad y nadie salía. Empezo a caminar y doblamos en la esquina. Seguimos caminando en silencio hasta llegar a la otra punta de la cuadra, dónde estaba oscuro y vacío. Nos frenamos y nos pusimos frente a frente.
- ¡Qué loco todo esto!
- Muy. Ay, por dios que no pase nadie! - dije mirando para todos lados. Pasaban muchos autos, y como el estacionamiento de la facultad daba a esa calle, era probable que algún compañero nos viera al salir.
- No pasa nada. - me dijo. Cuando me volví a mirarlo Martín se me acercó agarrándome la cara con las manos. Y ahí nomás me besó...
...Martín me dió el mejor beso que recibí en mi vida.
Esa fue la pregunta que me hice durante todo el día pero que nunca tuvo respuesta.
- Quizás se olvide...pero si no lo hace, ¿qué le digo?
- No sé! Mirá lo que preguntás - me decía Marianela. - Dejame estudiar que estamos en el horno con Campo, y eso es mas importante.
Me hundí en el asiento del colectivo y guardé los apuntes en la cartera. Definitivamente era imposible repasar algo con mi grado de nerviosismo.
- No te preocupes, Diosa. Con lo del parcial no va a haber chance de que te diga nada... - me tranquilizó Yanina.
- Eso! Por eso, decime: ¿Qué es una métrica de calidad? - me miró fijo Mari. Obviamente no sabía la respuesta. No le contesté y agarré los apuntes de nuevo. El resto del viaje me mantuve callada.
Llegamos y nos sentamos entre medio de los chicos para intercambiar posibles preguntas y respuestas. Mi corazón se paralizó cuando vi llegar a Martín, pero para mi tranquilidad, se sentó como el resto y empezó a repasar.
- Chicos, nos mudamos a un aula del segundo piso así estamos más cómodos para el parcial. - anunció el profesor. Me paré y agarré mis cosas mientras me quejaba de que no sabía nada. Estaba por entrar al salón cuando Martín me miró fijo.
- A la salida tenemos que hablar. Ni te pienses de que me olvidé lo de ayer... - sentenció abriendo sus ojos celestes y entró con el resto. ¿Cómo iba a arreglarme para hacer un parcial después de semejate situación?
Nos acomodamos y el profesor repartió las hojas: 30 preguntas y un ejercicio práctico. Y yo ya había perdido toda mi capacidad de concentración.
Después de una hora de parcial, algunos chicos empezaron a entregar el examen, sin contar a todos aquellos que ni siquiera se habían sentado a hacerlo. Martín salió del aula luego de un rato y se quedó hablando en el pasillo con los demás. Por la ventana yo veía como gesticulaba y de reojo me controloba a mi.
Luego de contestar la última pregunta, miré hacia afuera y Martín me hizo un gesto que no entendí pero a mi me dio miedo y volví a mirar mi hoja. Entonces hice lo que nunca: revisé todo el examen. Y cuando terminé, volví a remarcar las respuestas. Busqué cualquier excusa para quedarme ahí sentada haciendo tiempo, hasta que el profesor pidió que entregáramos las hojas. Me paré y salí del aula. En seguida me acerqué apurada a las chicas y les pedí si me acompañaban al baño.
- ¿¡Qué hago?! - casi grité cerrando la puerta.
- ¿Otra vez con lo mismo? - se fastidió Marianela.
- Si, y ahora no tenés excusa de que tenés que estudiar nena! ¿Me pueden ayudar?
- Es que no sé que decirte Diosa. ¿Le vas a decir que te gusta?
- No sé!!!! Ay, juro que no sé que hacer!!! Tengo miedo!!! Lo miro y me encanta, me mueve hasta el último pelo del cuerpo!!! Pero al mismo tiempo sé que es alguien super imposible para mi....
Marianela abrió los ojos y se acercó a la puerta. La abrió un poco y se asomó. En seguida volvió a mirarme y la cerró.
- ¿¿Qué pasó?? - pregunté nerviosa.
- Martín! Estaba en el baño de al lado, recién salió. ¿Habrá escuchado?
Yo estaba peor que antes. Salimos al pasillo y nos juntamos con el resto. Martín hablaba con Tomás del examen y yo me acerqué a Emiliano para parecer natural.
- Diosa! - me dijo de repente. - ¿Me acompañás al quiosco?
Lo miré y dudé. Eramos 15 y me estaba diciendo especialmente a mi si lo acompañaba. Igual acepté, bien suicida.
- Tengo que comprar una plasticola y sino después me olvido. Aparte nosotros tenemos que hablar... - dijo mientras bajabamos las escaleras.
- Veo que no te olvidaste...
- Obvio que no, me quedó la duda desde ayer!
- Igual no voy a decirte nada...
- Otra vez con eso? Dale, habíamos quedado en que hoy si. - llegamos a la puerta del quiosco, pero jamás entramos y la plasticola jamás se compró. Nos quedamos ahí paraditos hablando.
- Bueno, yo había quedado en que la que te gusta está entre Mari, Yani, la mina de los lunes, la que no conozco y yo, no?
- Si, y yo había quedado que estaba entre Marce, Lucas, Tony, Horacio y yo. Empezá vos, asi no arrugás.
- mmmmm, a ver....esa que no conozco no es, no?
- No, no es. No es mi tipo. Ahora me toca a mi. Y con esta estoy seguro que gano. Pero no me vengas con que no me querés decir la verdad eh!
Apreté los dientes y le dije que iba a decirle la verdad. Me estaba embarcando en un viaje que no estaba segura de querer hacer.
- Estoy segurísimo que es Marce.
Ahí mismo empecé a reirme, un poco de nervios, otro poco de alivio.
- Jajaja, nada que ver! Marce es mi amigo
- ¿No? Pero es re fachero, tiene onda. No sé, como están siempre juntos pensé que era él.
- Si, estamos juntos porque nos llevamos bien, y es verdad que es lindo, no te voy a mentir, pero siempre lo vi como mi amigo, nada mas...
- Entonces me cagaste, ahora no sé quién es.
- Ahh, no sé! Ahora me toca a mi. A ver...Yo me la juego! ¿Está entre nosotras tres, no?
- Jaja, mirá como despachaste a la otra! Si, acertaste. Me estás cagando Diosa! - reimos. - Dejame pensar. Si no es Marce, tiene que ser Luquitas. Porque Tony no es tu perfil, no?
- mmmmm no! Tampoco es Lucas y mucho menos Tony!
- Boluda me mataste! No me digas que es Horacio! No, no puede ser...Yo estaba re seguro que era Marce y me re cagaste pero mal!
- No sé, ahora me toca a mi. Está entre nosotras tres dijiste...mmmm...no tengo idea, pero me la juego. ¿Yanina?
- No. Una copada la flaca, pero ni ahí.
- Ooops, ¿entonces es Marianela? - dije con cara de asombro, aunque en realidad temía la respuesta.
- No, tampoco.
- Pero es que no queda nadie mas...
Silencio incómodo. En realidad ambos ya sabíamos la respuesta.
- ¿Yo? - me atreví a decir casi por un impulso.
- Si bolas! ¿No te habías dado cuenta? - me sonrojé. - Yo no tengo problema de decírtelo. Me gustas vos. Pero igual esperá, porque ahora quiero saber yo. ¿Horacio? No creo que sea él, pero es el único que me queda.
- No, todo bien con el gordo, pero no me gusta.
- No queda nadie Diosa. Quedó yo también, pero ni en pedo soy...
- Si. - lo interrumpí. Cuando oí mis palabras me detuve, pero ya era tarde. - Sos vos.
- Naaah, en serio? No te puedo creer!
- Dale, ahora no me vengas a decir que no te habías dado cuenta. ¿Por qué iba a darte tanta vuelta sino?
- Mirá vos que loco! - decía mientras se rascaba la cabeza como pensando. En ese momento, entró al quiosco Orlando. Nos miró pero no pronunció palabra y desapareció detrás de la puerta. Era el condimento que necesitaba para ponerme mas nerviosa. Acababa de decirle a Martín que me gustaba y él a mi. ¿Y ahora de que me disfrazaba?
- Te voy a ser sincero. - me dijo.- Me pareces una mina genial, divertida, muy linda...me gustás. Pero vos sabés que yo tengo mi vida.
- Martín, - lo interrumpí mirándolo fijo. - No hace falta que me lo aclares. Yo te dije antes de que empezara toda la adivinanza de que ese "alguien" era algo más platónico que otra cosa. Yo sé perfectamente como es la situación y no es que pretenda nada, simplemente te conté algo que me pasaba...
- Está perfecto Diosa, por eso yo también te lo dije, porque es algo que me pasa y no me gusta guardarmelo, mas si nos llevamos bien y lo podemos hablar.
- Estoy de acuerdo con eso.
- Quiero que sepas que si yo no estuviera de novio, nosotros ahora no estaríamos hablando...yo ya te hubiera encarado hace rato y la parte de la charla la pasabamos por alto!
- Jajaja! Tonto! - comenté volviéndome a poner colorada. - En serio, quiero que sepas que tengo mas que claro eso.
- Ya lo sé....pero ahora decime, si yo no tuviera novia, ¿qué te gustaría que surja de todo esto?
- No sé Martín. - dudé.- Tu novia está, es difícil imaginar que no. Además de eso, tenemos otras barreras.
- Bueno, pero suponiendo, quiero que me lo digas.
- ¿Para qué? Si igual no se puede...
- Ok, y con esta realidad que tenemos...¿qué te gustaría?
Mi cabeza me decía en rojo, gigante y con luces intermitentes que esto era peligroso. Lo que hubiera dado por tener el control remoto de Adam Sandler y poner pausa para pensar las respuestas!!
- No entiendo Martín, ¿a qué te referís?
- Claro, que te gustaría. Capaz me decís "nada flaco, no te pienses cualqueira", capaz te gustaría un beso, capaz algo más...eso.
- No sé si serviría ese "algo mas"....creo que es al pedo enroscarnos, no te parece?
- Totalmente Diosa, pero quería saber que pensabas vos. La verdad es que yo con mi novia estoy muy bien y no me gustaría cagarla. No se lo merece.
- Creo que es lo mejor.
- Si, obvio.
De nuevo una pausa. Yo miraba los autos pasar mientras sentía su mirada encima mio.
- Diosa. - dijo por fin. - La verdad es que ahora que sé esto no me puedo quedar así.
- ¿Qué querés decir con eso?
- Qué me dan ganas de darte un beso, eso.
- Jajaja ¿¿acá??
- No, bueno, vamos acá a la vuelta. ¿Te parece?
Lo miré y no pude responder. Solamente asentí con la cabeza. Miramos en sentido a la facultad y nadie salía. Empezo a caminar y doblamos en la esquina. Seguimos caminando en silencio hasta llegar a la otra punta de la cuadra, dónde estaba oscuro y vacío. Nos frenamos y nos pusimos frente a frente.
- ¡Qué loco todo esto!
- Muy. Ay, por dios que no pase nadie! - dije mirando para todos lados. Pasaban muchos autos, y como el estacionamiento de la facultad daba a esa calle, era probable que algún compañero nos viera al salir.
- No pasa nada. - me dijo. Cuando me volví a mirarlo Martín se me acercó agarrándome la cara con las manos. Y ahí nomás me besó...
...Martín me dió el mejor beso que recibí en mi vida.
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