domingo, 20 de diciembre de 2009

Germán y el Destino (2da parte)

Un año antes del viaje de Egresados, las empresas lucran con la desesperación del adolescente para juntar plata. Con este fin, el boliche en cuestión, nos facilitaba entradas para revender y quedarnos con un porcentaje del dinero recaudado. Germán estaba en la misma situación. Por ende, nos íbamos a cruzar en la fiesta.
Y ahí estaba, con una remera verde que casi brillaba en la oscuridad del boliche.
Me saludó con una sonrisa, y se le iluminó la cara. Era muy fácil darse cuenta que yo le gustaba, pero no era tan fácil para mi darme cuenta que me pasaba con él. Había estado toda la semana debatiendo el tema con mis amigas y había llegado a la conclusión de que si no me arriesgaba a "ver que pasaba" nunca iba a aclarar mis sentimientos. Asique me embarqué y devolví la sonrisa.
- Estás muy linda
- Gracias!
- ¿Me acompañás a la otra pista? - El pobre no se animama ni a hablarme adelante de mis amigas. Asique lo seguí. Encontramos un lugar donde el tumulto de gente no nos pisaba todo el tiempo. Sin mediar muchas palabras mas, me besó. Fue un beso cálido, de esos que se dan cuando la otra persona de verdad te interesa. De todos modos, yo no me sentía muy a gusto.
De pronto siento que alguien me agarra de los hombros con fuerza. Era Carolina.
- Está Darío!! Lo ví!!
- ¿¿En serio??
Darío era mi compañero de inglés. Me gustaba mucho. Tenía un año mas que yo, y una pronunciación que hacía fantasear a cualquiera. Después de 3 años viéndolo solo los martes a la tarde, no podía dejar pasar esa oportunidad de encontrarlo un sábado. Asique sin dudarlo, le dije a Germán que iba al baño y desaparecí en búsqueda de Darío.
- ¿Por que mirás arriba todo el tiempo? ¿Quién está? - la voz de Darío me sorprendió
- Nada importante - dije bajando la cabeza. Dejando la mirada de Germán sola, triste.
- ¿Vamos a tomar algo?
Y asi pasó el resto de la noche. Yo hablando con Darío y Germán mirándome todo el tiempo con tristeza en los ojos.
Lo de Darío fue un fracaso rotundo, él no tenía otras intenciones conmigo mas que charlar un rato hasta que el amigo volviera de chamuyar a una chica por allá. Y fue inevitable para mi sentirme culpable cada vez que recordaba la cara de Germán mirándome desde la pista de arriba del boliche, cada vez que lo veía conectado y no me hablaba, y cada vez que pasaban las horas de clase sin que me llegara ningun mensaje.
Y así pasó el tiempo. Llegué a convencerme de que en realidad "era que no tenía que pasar" como afirmaban las teorías de mis amigas. Pero no. Las teorías no íban con el destino de Germán. La historia recién empezaba.
Un año mas tarde, aparecería una ventanita con su nick titilando en naranja. Ese día, después de esa conversación, de algo estuve segura...

...el destino si que existe.

3 comentarios:

  1. El destino sí existe, eso sin dudas, habrá que ver qué nos depara...

    Me enganché con la historia!!

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  2. sii me copó la historia!!
    pobre germásn con su carucha, pero en esta vida hay que ser un poquitín yegua con los hombres...qué se le va a hacer

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  3. Eric: lo que pasa es quehasta ese momento era una descreida total sobre el tema
    Adulta: Pobrecito! Me acuerdo y todavía me da pena...pero después viene la revancha!

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